Resultó un poco absurdo el pretendido acto principista del hoy ya expresidente de Ancap, Alejandro Stipanicic. El exjerarca se enojó porque el gobierno prefirió que el ente no asuma el riesgo de participar como socio en un proyecto de hidrógeno verde. Se trata de una industria que tiene muchos interrogantes y se está arriesgando capital de la sociedad, no propio. Stipanicic debió tener ese principismo a la hora de cerrar el ruinoso negocio de portland de Ancap.