No ha sido bueno el arranque de gestión del canciller Lubetkin. La política exterior del país se ha vuelto híper dependiente de Brasil, hay muchas declaraciones políticas, y pocos resultados. A lo que hay que sumar el papelón de los nuevos pasaportes, que no se termina de resolver. Pero, peor que todo eso, es el malhumor ante el contralor público a los gastos del ministerio. Lubetkin no parece haberse dado cuenta que el ministerio no es un organismo internacional.