El asesinato de un niño de apenas dos años, en medio de un tiroteo en una boca de pasta base, ha conmovido al país. No se trata del primer caso en que un menor de escasa edad fallece en una situación similar. El gobierno no puede mirar para otro lado. Es claro que no es fácil frenar este tipo de violencia de un día para otro. Pero urge bajar un mensaje claro a los malvivientes: que el Estado no va a permitir que zonas del país se conviertan en una especie de “far west” sin ley.