La polémica sobre la letra de la murga Doña Bastarda, ha sido maniquea e infeliz. Parece ridículo que en una democracia libre, un artista deba presentar un texto ante un órgano estatal para que sea revisado. También es claro que la lectura literal del texto, es errada y lleva a confusión. Pero lo que es inocultable es el doble rasero de los ideólogos de este carnaval, que siempre se ponen “picantes” con los mismos temas, contra los mismos grupos de personas. Eso es política, no arte.