Una iniciativa que cabe aplaudir es la que realiza el INAU junto con la Armada Nacional en la isla de Flores adonde llevan a menores infractores para que desarrollen tareas de limpieza. Es uno de esos emprendimientos positivos en donde todos ganan. De un lado los propios adolescentes que se beneficiarán con la disciplina del trabajo, la mejor receta para reencauzarlos. Del otro, se brinda un ejemplo de cooperación entre dos organismos oficiales en un proyecto que, además, tiende a rehabilitar una isla declarada como "área protegida" pero en actual estado de abandono.
Para la Armada Nacional este programa carece de costo ya que quincenalmente debe enviar una nave a mantener en posición las balizas en el Río de la Plata con una escala natural en la isla. Para el INAU es una oportunidad de confirmar que la rehabilitación de los menores, incluidos los peligrosos, es posible si se les enseña a trabajar y a hacerse responsables de llevar adelante una obra. Tal es el caso de las labores que se desarrollan en esta isla con una larga y rica historia, ubicada en la bahía de Montevideo, que otrora fue utilizada como lugar de cuarentena para los inmigrantes y también como prisión para presos políticos.
Sucia y deteriorada, la isla de Flores merecía una especial atención de las autoridades tal como venía reclamando el Instituto de Investigaciones del Plata, una ONG interesada en detener la depredación del lugar y convertirlo en un polo de atracción turística. Ahora, con la mano de obra que proporciona el INAU será posible recuperarla y, de paso, darles una oportunidad de reinsertarse en la sociedad a decenas de menores infractores.
Se trata, en suma, de un proyecto ejemplar.