Un tema que no es usual

Debe ser muy bajo el nivel de conformidad con la gestión del Partido Comunista y del Frente Amplio en la Intendencia de Montevideo para que un tema como el de los carros hurgadores en la ciudad tirados por caballos, ocupe la atención de un editorial en los diarios, normalmente llamados a atender otros reclamos más inmediatos de la población. Eso es sin embargo lo que ocurre en esta "muy fiel y conquistadora", harta ya y cansada de protestar por el mantenimiento de una situación ante la cual las autoridades no han hecho prácticamente nada para buscar una solución. Más allá de la imagen que ellos proporcionan a los cruceristas que desembarcan en el puerto y que apenas tienen un par de horas para recorrer la Ciudad Vieja o de los turistas que disponen de más tiempo para circular por la ciudad, el fenómeno tiene cansado a casi todos los habitantes, que lo padecen en sus barrios; lo sufren en la zona bancaria mientras circulan morosamente en las horas de mayor actividad, o deben conformarse con verlos tirando la basura en el entorno de las volquetas o padecen la imagen de niños tirando de los carros - sin ninguna autoridad que proteste- o de alguno que permanece atado a un árbol durante varios días, como ocurrió no hace mucho tiempo sobre la calle Juan María Pérez.

Lo que al principio fue una insinuación se ha convertido ahora en una explosión y no hay día, hora ni barrio en que los carritos hurgadores se hayan sumado al paisaje o el casco de los animales, golpeando el pavimento, despierte a los que se levantan tarde.

Si bien en la primera secuencia de la vieja película de Costa Gavras, titulada "Los Tupamaros" ya aparece un carro de hurgadores circulando por Montevideo, los carros se establecieron, en forma permanente y estable, con Tabaré Vázquez al asumir el Frente Amplio la intendencia capitalina en el año 1990, incorporándose así al paisaje montevideano como uno de los elementos más deprimentes, siendo pacíficamente tolerados incluso por su sucesor, el Arq. Mariano Arana, gobernante viajero si los hubo - en vías de ver superada su marca por el Presidente Mujica-, que en ningún lado deben haber contemplado un espectáculo similar. Ha cumplido por lo tanto su mayoría de edad y no se vislumbra ninguna medida para eliminarlo.

Hace pocos días circuló la noticia que en Colombia, que también los padece, decenas de conductores de carretas tiradas por caballos protestaron en la hermosa plaza de Bolívar ante un anuncio de eliminarlos y lograron que la Alcaldía de Bogotá les ampliara por un año el plazo para sacar de circulación sus transportes. Si bien el mal de muchos sigue siendo consuelo de tontos, como lo señala un dicho popular, al menos en Bogotá se ha hecho algo tendiente a solucionar el problema. Más que confiar que en Montevideo no se sustituyan los carros por carretas, aunque todo es posible en la viña del Señor, por lo menos hay que confiar que veinte años más tarde se cumplan por lo menos los anuncios formulados ya en abril del 2002, cuando se dijo que se les prohibiría la circulación por 18 de Julio, Avda. Italia, Avda. del Libertador, General Flores, 8 de Octubre y la rambla, agregándose que los conductores deberían tener más de dieciocho años y los carros llevar luces traseras y laterales. Nada de todo eso se cumple. El mantenimiento de los carros de hurgadores, como aquel otro cuento de las carnicerías municipales, dentro de numerosos ejemplos, son pilares en que se asienta la indiscutible ineficiencia del Frente Amplio en una administración que no puede repetirse. Salvo que la ciudadanía quiera que los carros nos pasen por arriba y sigan contribuyendo para que la ciudad continúe convertida en un basural.

"Estamos tranquilos por el momento, porque nos dieron el plazo de un año", dijo un señor Zambrano, en nombre de la Asociación de Carreteros de Bogotá ante la decisión que les fuera comunicada. Mucho más tranquilos deben estar sus colegas uruguayos, pues nadie les ha fijado ningún plazo y todo se limita a mejorar los lugares de descarga -que también afectan a vecinos de algunas zonas- y a mantener el entorno de quienes se aprovechan de su trabajo. Los que hablan de volver a votar al Frente Amplio no debe ser damnificados por este problema o serán masoquistas.

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