Un posible desastre

EN plena Guerra del Golfo, a comienzos de 1991, las tropas iraquíes que se retiraban de Kuwait prendieron fuego a 732 pozos petrolíferos de ese estado, provocando así un desastre casi incontrolable. El infierno volatilizó diariamente entre 4 y 6 millones de barriles del combustible, algo así como el 10 por ciento del consumo diario mundial, esparciendo en el aire de aquella región unos 500 millones de toneladas de gas carbónico. Como consecuencia del apocalíptico atentado, una zona que en la antigüedad tuvo famosos niveles de fertilidad por su suelo pantanoso y cálido, se convirtió en un erial: "la masa de aceite, hollín, azufre y lluvia ácida se depositó sobre los cultivos, dejando muchas tierras agrícolas inservibles para la siembra en 2.000 kilómetros a la redonda, especialmente en Irán".

PERO además los iraquíes "volcaron en aguas del Golfo Pérsico entre 6 y 8 millones de barriles de petróleo, según estimaciones de los servicios meteorológicos norteamericanos". Esa marea negra mató a 25.000 aves y enchastró las costas, "descalabrando el delicado ecosistema marino de esas aguas, que ya se encontraban con anterioridad entre las más contaminadas del mundo". El petróleo que no se quemó, se esparció por tierras de cultivo muy llanas, formando enormes lagunas negras. "Al sur de Kuwait, un charco cenagoso de 800 metros de largo y cinco de profundidad, contenía nueve veces más petróleo que la capacidad del Exxon Valdez", el mayor buque petrolero del mundo. Así el paraíso natural de la red de ríos y pantanos que bañaba el "río de los árabes" (Chatt-el-Arab) donde se unen el Tigris y el Eufrates antes de volcarse en el Golfo, se transformó en una pesadilla.

Casi doce años después, otra emergencia de similar carácter puede volver a golpear esa región si se desencadena una nueva guerra en Irak. Observadores del Pentágono temen —con fundadas razones— que Saddam Hussein opte una vez más por la política de "tierra quemada" en caso de verse obligado a replegarse, dejando detrás de sus fuerzas un paisaje de pozos petrolíferos en llamas que colaborará violentamente en el aterrador proceso de contaminación atmosférica de la zona, alterando de paso una economía mundial que depende en considerable medida del hidrocarburo que fluye desde la zona del Golfo. Si esa guerra que parece inminente se convierte además en un conflicto de expansión mayor, abarcando a países vecinos (como Kuwait, como Irán, como Arabia Saudita, como los emiratos del Golfo) frenando el flujo de petróleo desde la región, resulta impredecible pronosticar lo que ocurrirá a nivel internacional.

EVOCANDO el precedente bélico de 1991, el World Resources Institute de Estados Unidos, ha advertido que "una guerra destinada a derrocar al régimen de Bagdad, podría provocar una calamidad ecológica en todo el litoral de la antigua Media Luna de las Tierras Fértiles, donde junto a una acumulación de pozos de petróleo existen ecosistemas particularmente frágiles". Frente a esa eventualidad, agrega el organismo, "Saddam podría crear deliberadamente una nueva catástrofe, como respuesta ante un ataque militar" y de paso recuerda que "lo que para muchos fue un conflicto breve destinado a liberar Kuwait en 1991, resultó para otros pueblos un verdadero desastre ambiental, del que la región y su gente todavía no se han recuperado".

MIENTRAS los científicos razonan todo eso, los comandantes militares prosiguen con los preparativos de una masiva invasión para la cual Estados Unidos y Gran Bretaña están concentrando tropas alrededor de Irak. La excusa son las supuestas armas de destrucción masiva que tendría Bagdad, en busca de las cuales están operando desde hace semanas los equipos de inspección de Naciones Unidas. Como escala dentro del "eje del mal", categoría que el gobierno norteamericano atribuye a Irak, la guerra procurará desmontar un gobierno peligroso, quizás aliado de la red Al Qaeda, sobre cuyo potencial bélico existe una marcada incertidumbre. Ese pretexto puede desencadenar un conflicto capaz de crecer más allá de las fronteras iraquíes, generalizando el desastre regional hasta extremos que este mundo es incapaz de calcular por el momento. Pero tales temores, y el escalofriante pronóstico de los ecólogos, no detendrán los planes de invasión.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar