Un activo para el país

SEGUIR

Introduzca el texto aquí

Uruguay viene experimentando una robusta recuperación luego de la crisis que sufrió -como todos los países del mundo- debido a la pandemia. Lo que distingue a nuestro país es que el producto ya está por encima del nivel previo al covid-19, así como también el empleo.

El ingreso medio de los hogares ya se comenzó a recuperar y desde el segundo semestre de este año también lo hará el salario real. Esto se hizo mientras se cuidó el dinero de los uruguayos, con una regla fiscal que terminó con las administraciones manirrotas y populistas que tuvimos hasta hace muy poco tiempo. Y todo esto no es casualidad, tiene un nombre: Azucena Arbeleche.

Uruguay tuvo dos decisiones claves para atravesar la pandemia y salir de ella mejor que otros. La primera la del presidente de la República Luis Lacalle Pou de no declarar la cuarentena obligatoria -como pidió el Frente Amplio en un documento oficial de esa fuerza política- y la segunda la de la Ministra de Economía de mantener los motores de la economía encendidos. Y no fue solo una declaración, hubo medidas concretas como el seguro de paro parcial, los créditos con garantía estatal para las micro, pequeñas y medianas empresas, exoneraciones tributarias, en tarifas de entes, y una gran cantidad de medidas de apoyo social cuyo monto se duplicó en los primeros dos años del actual gobierno.

Al mismo tiempo, y mientras se enfrentaba la pandemia, el país también pudo avanzar en algunas reformas estructurales claves en materia económica. Una de ellas fue la nueva institucionalidad fiscal cuya relevancia hoy es mucho más clara gracias a sus resultados. La capacidad de gestión del equipo económico, que logró reducir gastos estructurales, como había anunciado durante la campaña electoral, mientras aumentó los gastos necesarios para atender a la pandemia no ha sido reconocida como se merece, pero fue realmente extraordinaria.

A contrapelo de lo que vociferaban técnicos de organismos internacionales que no sufren ninguna consecuencia por sus irresponsabilidades y pedían gastar más sin ton ni son en una versión berreta y trasnochada del peor keynesianismo, en Uruguay se cuidaron los recursos de todos nosotros. Es importante entender que cuando se habla de “recursos públicos” en realidad se habla del dinero que pusimos todos nosotros para financiar el gasto que realiza el Estado y cuando ese dinero no alcanza los impuestos crecen.

El gobierno nacional gastó todo lo necesario en términos económicos, sociales y sanitarios en la pandemia y mejoró las cuentas fiscales sin aumentar impuestos, otro logro que no ha recibido la atención que merece. Hoy podemos apreciar que la recuperación económica en marcha no es solo rebote, porque este año la economía volverá a crecer y a una tasa que no veíamos hace muchos años cercana al 5% con el mejor dato de déficit fiscal también en muchos años.

Seguramente veamos próximamente que mejorará la calificación crediticia de Uruguay porque es lo que ya está mostrando el mercado, dándole a nuestro país crédito a tasas menores al resto del continente y eso también es un logro que ya se trasladó a menor pago de intereses y más recursos para los principales fines del gasto público.

La regla fiscal instrumentada por el actual gobierno es seria y exigente, con tres pilares diferentes basados en el resultado fiscal estructural, el crecimiento del gasto público y el endeudamiento. En los dos primeros años de aplicación los tres pilares se han cumplido. Que las proyecciones económicas del Ministerio de Economía se cumplan es algo que claramente no habíamos visto en los tres lustros anteriores en que se mintió persistentemente deteriorando seriamente la credibilidad de Astori, Bergara y compañía. La ministra Arbeleche, en cambio, se ha ganado con resultados la credibilidad de los uruguayos.

A contrapelo de lo que vociferaban técnicos de organismos internacionales que no sufren ninguna consecuencia por sus irresponsabilidades y pedían gastar más, en Uruguay se cuidaron los recursos de todos nosotros.

Nuestro país tiene desafíos importantes, no podemos ser triunfalistas cuando queda mucho por hacer, pero eso no debe impedirnos reconocer las cosas que se hacen bien. Y lo cierto es que la conducción general de la economía no solo es un activo del gobierno nacional, es un activo del país como ha quedado de manifiesto en los reconocimientos internacionales que ha recibido. Y más importante aún, en los logros para la mejora en la calidad de vida de los uruguayos que ya son palpables y en los que se verán en los años por venir gracias a su gestión.

Es una gran tranquilidad para todos saber que la conducción económica está en manos profesionales, honestas y comprometidas con el país.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Editorial

Te puede interesar