Textos sobre el pasado reciente

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Durante muchos años, los textos usados para los cursos de historia en Secundaria y como recomendación para los profesores que daban esos cursos, estuvieron decididamente sesgados.

Solo se contaba una parte de la historia, y además se lo hacía con deliberadas omisiones. La forma en que se enseñaba era unidireccional y no había forma de disimularlo.

Tan unidireccional era, conviene recordarlo de manera explícita, que en un momento determinado en El País resolvimos poner en marcha un proyecto que intentó ofrecer una visión de la historia reciente más ajustada a los hechos y alejada de una lectura ideológica, militante y hemipléjica, que caracteriza a cierto sector académico frenteamplista.

Quizás nuestros lectores recuerden aquella serie de fascículos que acompañaban semana a semana al diario, referidos a una historia bien contada, presentada gráficamente con elegancia y claridad didáctica.

En forma llana se pasaba revista a los grandes episodios que afectaron al país y al mundo en el correr de buena parte del siglo XX y comienzos del XXI. Se publicó durante varios meses en 2008.

Fue una manera de hacer ver a padres y estudiantes (y a un público ávido de un trabajo bien hecho) que había una forma rigurosa de contar ese pasado y distinta a lo que narraban los textos usados en los cursos de Secundaria o aconsejados a los docentes.Exitosa como fue aquella colección (hubo lectores que encuadernaron los fascículos, tal fue el valor que le dieron) sin embargo no tuvieron repercusión en Secundaria. Los que marcaban las líneas de como enseñar historia en aquel tiempo, no estaban dispuestos a incorporar visiones que rompieran su impuesta lectura oficial.

Los mismos que durante los gobiernos del Frente Amplio impulsaron una enseñanza de la historia hemipléjica y sesgada, se escandalizan ahora porque se intente corregir ese enfoque panfletario.

Esos mismos docentes son los que ahora se enojan porque las autoridades de Secundaria han incluido otros libros como referencias a ser consultados por los profesores en los cursos de historia. Agregaron tan solo algunos a una larga lista que desde hace tiempo está en vigencia.

Estos cuestionamientos vienen de quienes hicieron lo que quisieron durante por lo menos 15 años, (sino más), enseñaron el pasado como mejor se les antojó durante todo ese tiempo, y ahora posan de ofendidos.

Entre los nuevos libros agregados, están los cinco tomos de Lincoln Maiztegui denominados “Orientales”, un excelente trabajo que repasa con elegancia, fluidez y honestidad intelectual toda la historia del país.

El grito en el cielo se puso cuando se incorporó a la lista el muy comentado “Agonía de una democracia” del expresidente Julio Sanguinetti.

Es verdad que Sanguinetti no es un historiador, pero ofrece un excelente y autorizado testimonio, cronológicamente muy bien desarrollado de una época que, hasta que apareció este libro, fue contada con graves omisiones y solo desde un único ángulo.

Puede decirse que en algunos aspectos, especialmente en lo referido al rol jugado por el wilsonismo en aquella época, el libro tiene sus sesgos. No los tiene en cuanto a la izquierda.

Aún así, el trabajo del ex presidente intenta enderezar un registro que quedó totalmente flechado, registro que ademas fue presentado como verdad absoluta y dogmática.

Solo por eso vale la pena que esté incluido en una lista (que es larga y muy plural) que ayude a los profesores a entender que el pasado reciente ocurrió de forma compleja.

Otro de los libros que generó revuelo por haberse sumado a la lista, es el de Alfonso Lessa, “La revolución imposible”, un impecable trabajo sobre lo que significó la guerrilla en Uruguay, basado en la tesis que Lessa defendió para obtener su maestría en Ciencias Políticas en la Universidad de la República.

Se le cuestiona que es un trabajo periodístico, no de un historiador. Acá valen dos aclaraciones.

La primera es que si bien Lessa es un reconocido periodista, este fue un trabajo hecho para un posgrado académico en Ciencias Políticas. La segunda aclaración es que casi todo lo que se publica en historia reciente en Uruguay fue hecho por periodistas, y de los buenos, un fenómeno que no es diferente a la mayoría de los países.

Hay excelentes trabajos en ese sentido. Ello tiene su lógica; el pasado reciente se toca con el presente y es el periodista que termina siendo el nexo entre uno y otro.

Tanto el libro de Lessa como el de Sanguinetti fueron, además, ganadores en su momento del Premio Bartolomé Hidalgo.

Que estos profesores protesten, resulta surrealista. Siempre trabajaron manipulando los hechos con formalidad académica.

No parece genuino entonces, que se escandalicen por que ahora se incorporen a una ya existente larga lista, estos nuevos títulos.

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