Táctica del camellero

Dicen que el camello es más tozudo que la mula. Cuando se empecina en no hacer algo, es muy difícil que cambie de actitud, por las buenas o por las malas. Por ejemplo, cuando la carga que soporta se vuelve demasiado pesada, se echa en el suelo y ahí se queda. El camellero se baja del animal y trata de que éste se reincorpore para reanudar su marcha. Sin embargo, es inútil que lo apalee o que le hable afectuosamente: el camello no se mueve de donde está. ¿Qué hacer, entonces?

El camellero acude a la experiencia milenaria de la cultura del desierto en el que vive: coloca sobre el camello una carga adicional y espera. Al cabo de un tiempo prudencial, retira la misma carga que había agregado y el camello, al sentirse aliviado, se vuelve a parar sobre sus cuatro patas: está listo para retomar la senda llevando la carga que se había negado a portar momentos antes.

Aunque Ud. no lo crea, consciente o inconscientemente, el gobierno del Frente Amplio -aunque la colcha de retazos se esté descosiendo- está aplicando la mismísima táctica del camellero, en materia de impuestos.

En efecto, crea el llamado Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) pero su voracidad recaudadora es tal que hace levantar una tremenda polvareda en la población afectada. Luego, asimila como puede las críticas y la reacción contestataria, da largas al asunto, difiere su solución definitiva, hace promesas vagas y, finalmente, cunde la versión de que en el futuro resolverá elevar el mínimo imponible del controvertido gravamen al trabajo. Estamos haciendo futurismos, pero algo así ocurrirá.

El frenteamplismo recargó las espaldas del pueblo contribuyente, metió sus manos en los bolsillos de buena parte de los sectores productivos -y de los otros- generó múltiples protestas, divisiones internas y hasta difundió suspicacias sobre la Suprema Corte de Justicia y veladas amenazas políticas a sus integrantes. Pero la sangre no llegará al río. El partido gobernante esperará todo el tiempo que le convenga -cuanto más tarde, mejor para sus intereses, porque seguirá recaudando- hasta que, cae de su propio peso, modificará el alcance del IRPF y determinará que no comprenda a algunos sectores más o menos carenciados.

Como consecuencia de esta evidente maniobra, llegará el momento en que la gente se sentirá aliviada de la carga que hasta entonces soportaba, pensará que se está haciendo justicia con los menos pudientes y así se reforzará la ética clasista que exige que los que tienen más paguen más... Incluso, surgirán ideólogos, politólogos y aplaudólogos que destacarán, como virtud progresista y popular, que el gobierno haya corregido el error que le hicieron cometer.

Mientras tanto, algo similar habrá sucedido con la contribución inmobiliaria del departamento de Montevideo. Una suba astronómica de los registros catastrales determinó el correspondiente aumento sideral en la contribución inmobiliaria que paga el propietario capitalino. Conste que no nos estamos refiriendo a aumentos de uno o dos dígitos porcentuales sino a sumas resultantes de multiplicar por más de diez veces lo que se pagó el año pasado por ese mismo concepto. ¡Un verdadero despojo!

Alguien es responsable, sin duda, de haber retocado los valores catastrales con un criterio absolutamente alejado de la realidad imperante y alguien, también, deberá asumir su cuota de culpa por haberle generado al contribuyente, mediante una fría operación aritmética, una obligación que puede calificarse de exacción fiscal. Al trascender este absurdo, el intendente Ehrlich se apresuró a señalar que si hubo algún error en las dependencias que administra, ese error será corregido. ¡Linda manera de inducir al ciudadano a pensar que la culpa la tiene el otro!

De todos modos, el monto de la contribución inmobilaria, en los casos extremos, volverá a la normalidad y aunque aumente sensiblemente respecto a la que regía en el 2007, creará la sensación de que, después de todo, el dinero que se habría de pagar no es excesivo.

La táctica del camellero sigue aplicándose tanto en el desierto como en Montevideo, con éxito reconocido en ambos casos.

Todos quedarán contentos, aunque sigan pagando más que en el año anterior.

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