Un sutil juego diplomático

SEGUIR

Introduzca el texto aquí

Defender los intereses nacionales requiere de estrategias inteligentes, enmarcadas por una política exterior que usa de la diplomacia para enviar mensajes claros.

Para Uruguay, es fundamental abrirse a nuevos mercados. Es la manera de generar recursos genuinos para dinamizar su economía y de ese modo mejorar la calidad de vida de su gente. Por eso, este gobierno le está dando prioridad a esa búsqueda, a esa necesidad de tener más y mejores tratados de libre comercio.

Es un país con poca población y por lo tanto la apuesta al mercado interno, en forma exclusiva, nunca es la mejor solución en ningún lugar y menos en Uruguay. Hace ya rato el Mercosur pasó a ser un problema para nuestro país. Por una parte, ofrece posibilidades que no pueden ser pasadas por alto, por otra parte, se transformó en un corset que asfixia.

¿Cuál es la salida? Lograr una mayor flexibilización del Mercosur que le permita a Uruguay buscar en mejores condiciones, mercados que van más allá de los países miembros. El problema es que no todos ven el planteo uruguayo con buenos ojos y eso lleva a una situación no deseada. O Uruguay se atiene a lo que los otros socios dicen, o se va. Eso es lo que este gobierno no quiere. Su idea es no atenerse pero tampoco irse.

Por eso, lo que se vio la semana pasada en la cumbre virtual del Mercosur, fue un complejo y sutil juego diplomático que, por ahora, no pasó a mayores pero que dejó en evidencia varias cosas, entre ellas gruesas contradicciones que solo pueden resolverse con la flexibilización pedida por el gobierno uruguayo.

En la cumbre virtual, en la que participó el presidente Luis Lacalle Pou con el canciller Francisco Bustillo, se emitió un comunicado avalado por Brasil, Argentina y Paraguay, pero sin la firma de Uruguay. La delegación de nuestro país no estuvo de acuerdo porque el texto incluía el compromiso de bajar el Arancel Externo Común, tal como lo viene pidiendo desde hace tiempo Brasil.

¿Es tan importante para Uruguay impedir que Brasil (y en consecuencia el Mercosur) baje ese arancel? No parece ser ese el problema. Lo que el gobierno de Lacalle quiere es que una baja de aranceles como la que pide Brasil, venga acompañada de una flexibilización del Mercosur que responda todos los planteos y en especial el de la necesidad uruguaya de acordar por sí solo tratados de libre comercio con países por fuera del Mercosur.

De hecho, el argumento de la delegación presidida por Lacalle es muy simple: la decisión de bajar el arancel debe enmarcarse en un plan de sinceramiento y de modernización generalizada del Mercosur.

Al oponerse Uruguay a la propuesta brasileña, el gobierno de Bolsonaro igual bajará en un 10 por ciento ese arancel, aunque no haya consenso en el Mercosur. Eso le da luz verde a Uruguay para acordar por su cuenta con terceros países aunque tampoco haya consenso en el Mercosur. Al crearse esa situación de hecho, tarde o temprano habrá que buscar una solución real a la tan reclamada flexibilización. Reclamo que en años anteriores también hicieron los gobiernos frentistas.

Para el gobierno uruguayo la instancia del viernes pasó “sin pena ni gloria”.

En apariencia sí, pasó sin mayores estremecimientos. Pero en ese juego sutil y poco aparatoso que es la diplomacia, Uruguay metió su baza. Insiste en la modernización y flexibilización, insiste en seguir haciendo acuerdos de libre comercio en forma bilateral con terceros países y deja en evidencia que los países socios toman medidas sin esperar el tan mentado consenso. Así actúa Brasil y por lo tanto también Uruguay.

Justo antes de esta cumbre virtual, el presidente y el canciller habían viajado a Catar buscando nuevos horizontes comerciales. El mensaje es claro: hacer un acuerdo con China, por supuesto, pero no quedarse solo con eso.

El escollo para la tan reclamada flexibilización es una fuerte cultura proteccionista, muy arraigada en dos de los cuatro socios del bloque.

El escollo para la tan reclamada flexibilización es una fuerte cultura proteccionista, muy arraigada en dos de los cuatro socios del bloque. Es verdad que Brasil parece ceder de lo que antes fue una férrea posición. Argentina no.

En un momento en que Argentina está muy necesitada de contar con divisas venidas de afuera, cierra las exportaciones de su carne en una política de dudoso éxito para controlar los precios en el mercado interno. Para Uruguay, una decisión así sería suicida.

De no haber tanto proteccionismo, muchos de los acuerdos que Uruguay busca por cuenta propia, estarían ya negociándose por el bloque en su conjunto. Pero eso no sucede y Uruguay no puede seguir esperando indefinidamente.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Editorial

Te puede interesar