¿Son bloques parecidos o diferentes?

Una de las tesis que facilitó el triunfo del Frente Amplio (FA) en 2024 es que si se salía del ruido de las campañas electorales, finalmente los dos bloques en pugna no presentaban tantas diferencias de fondo. ¿Acaso la realidad de este primer año de gobierno izquierdista ha ratificado esa teoría?

En primer lugar, hay que admitir algo tan evidente como sencillo: la política en Uruguay tiene su eje corrido a la izquierda en comparación con otros países del continente. En efecto, aquí los discursos anti- estatales, como el de Milei en Argentina, por ejemplo, o decididamente conservadores y hasta reaccionarios en lo valórico y social, como buena parte de las bases políticas que acompañaron al rutilante y reciente triunfo de Kast en Chile por ejemplo, de ninguna manera logran concitar mayorías que puedan terminar por incidir en cambiar nuestro rumbo general, hecho de un Estado muy presente tanto en lo social como en lo económico.

En segundo lugar y luego de esa constatación, es evidente también que hay terrenos de consenso básicos que una gran mayoría no pone en duda. Dentro de ellos, es claro que nadie quiere volver a una inflación alta -como sufre Argentina desde hace casi una década ya-, ni nadie quiere bajar el gasto público social, hecho de pilares redistributivos importantes -y que sin duda es puesto en tela de juicio por las bases derechistas chilenas, por ejemplo-.

Empero, tras esa constatación general y esos consensos que forman parte de una identidad nacional cuyos orígenes provienen del siglo XIX -tanto el Estado de bienestar como nuestra definición política liberal (y no mayoritariamente conservadora) tienen en efecto raíces muy profundas-, es evidente que se verifican diferencias importantes entre el bloque de izquierdas y los partidos que conforman la coalición republicana.

El plan de inserción internacional del país es muy diferente para un caso y el otro. Ciertamente, este gobierno del FA no puso en tela de juicio los avances tanto con el CPTPP asiático como con los acuerdos con distintas partes de Europa. Sin embargo, el equilibrio frente a las dos potencias que se disputan la hegemonía mundial, propio del tiempo de gobierno de la administración pasada, difiere radicalmente de la apuesta latinoamericanista y pro- China mostrado por esta administración Orsi.

El ideal del papel del Estado en el entramado económico del país también es diferente entre un bloque y otro. El FA en el gobierno de ninguna manera procura achicar el Estado, sino que por el contrario entiende que su gran tamaño es un factor de desarrollo nacional: lo creía en tiempos de Mujica presidente, cuando los entes autónomos invertían a diestra y siniestra y sin planes ventajosos muy claros, y lo sigue creyendo hoy cuando limita el desarrollo autónomo de la educación terciaria privada o cuando amplía la cantidad de agencias estatales de regulación y contralor.

Se podrá decir, con razón, que el gobierno del bloque mayoritariamente blanco-colorado no apostó fuertemente a achicar ese Estado entre 2020 y 2025: en definitiva, por ejemplo, el portland de Ancap siguió dando pérdidas y no se cerró. Pero aquí se estaría siendo injusto con aquella mayoría, porque fue claro que, para este caso concreto, no había voluntad política de todos los socios (en particular de Cabildo Abierto) de ir en un sentido de apertura de Ancap, por ejemplo.

Hay finalmente una diferencia radical entre ambos bloques y refiere al convencimiento democrático republicano. El ejemplo de los plebiscitos es elocuente: blancos y colorados promovieron en octubre de 2024 reformas de la Constitución en seguridad que no tuvieron respaldo mayoritario, y por tanto abandonaron esas ideas.

El pueblo tampoco respaldó la reforma constitucional para dar marcha atrás con la reforma de la seguridad social, y sin embargo aquí estamos en 2026 sin saber bien qué hará el gobierno en este sentido, ya que la izquierda entiende que es legítimo y posible cambiar el signo de decisiones esenciales dispuestas en las urnas por la ciudadanía.

Estamos ante dos rumbos diferentes. Algunos querrían, dentro de ambos bloques, que las diferencias fueran más profundas: ir más hacia la izquierda desde el FA y liberalizar más la economía desde sectores de los partidos tradicionales. Pero, en cualquier caso, al cumplirse este primer año de gobierno de Orsi, importa que todo el mundo tenga claro, pensando en las próximas elecciones, que no da lo mismo que gobierne el FA a que lo haga la coalición republicana.

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