Sesgos antisemitas, más frecuentes

La semana pasada comentábamos la cancelación a que se vio expuesta la escritora argentina Ariana Harwicz, “desinvitada” del Festival Cultur Alh a realizarse en Granada (España), por ejercer su libertad de expresión en torno a la guerra entre Israel y Hamás.

Ahora se suma el suceso del intento de atentado al vuelo de FlyDubai, que hubiera costado la vida de casi dos centenares de pasajeros, la mayoría de ellos israelíes, de no mediar la heroica intervención de algunos de ellos, quienes lograron reducir al criminal y estabilizar el avión.

El punto que nos interesa analizar es el del sesgo que aplican algunos voceros -y no pocos medios- a estas noticias, indicativo del prejuicio antiisraelí que los motiva.

En el primer caso, Ariana Harwicz recibió el respaldo de más de 350 intelectuales de distintos países -entre los que se encontraban el filósofo español Fernando Savater, el escritor peruano Santiago Roncagliolo, y compatriotas de Harwicz como la poeta María Negroni, la narradora Ana María Shua, el exministro de Cultura Pablo Avelluto, el actor Federico D’Elía y el filósofo Santiago Kovadloff. Por su parte, el destacado novelista irlandés John Banville, apenas se enteró del acto de censura, canceló de inmediato su participación en el festival.

En un curioso intento de lavada de manos, la Universidad de Granada, organizadora principal de dicho evento, emitió un comunicado desmarcándose de la decisión y atribuyéndola a sus directoras. Otros que siguen participando pero no se han pronunciado sobre el tema son el Instituto Cervantes y el Ayuntamiento de Granada.
El episodio fue elocuente en sí mismo y el silencio de esas instituciones resulta paradójicamente ensordecedor, acerca de los niveles de cobardía a que ha llegado el biempensantismo.

Pero las hordas antidemocráticas igual contraatacaron: otras personalidades de la cultura como la cineasta Lucrecia Martel (a quien los montevideanos homenajeamos en un hermoso mural sobre la avenida 18 de Julio), la escritora Camila Sosa Villada y la antropóloga Rita Segato, suscribieron una contramisiva donde acusan a Harwicz de negar el “genocidio” en Gaza y expresan que “criticar no es censurar, protestar no es censurar”. Es curiosa la definición que tiene esta gente de esas palabritas. En países democráticos como los nuestros están en todo su derecho de criticar y protestar contra quien no piensa como ellas, pero si le impiden asistir a un evento público para expresarse, en este idioma y en cualquier otro del mundo la están censurando.

En ese jueguito de distorsionar la información -que tanto conocemos también en nuestro país- llegan al extremo de acusar a la escritora de amparar el supuesto genocidio, por el solo hecho de que ella se ha limitado a reivindicar el derecho de Israel a defenderse de la amenaza terrorista.

Con el episodio de anteayer del avión de FlyDubai parece estar ocurriendo algo parecido. Tras el antecedente macabro del 11 de setiembre, inferir que el atentado se limitó a una reyerta entre pilotos es, en el mejor de los casos, de una insólita ingenuidad.

Sin embargo, la información que proporcionó el colega La Diaria en su edición de ayer está titulada y encabezada así: “Netanyahu atribuyó a un intento de atentado el aterrizaje de emergencia de un avión que viajaba a Tel Aviv. La aeronave aterrizó en Arabia Saudita después de una disputa violenta entre los pilotos, en la que uno de ellos apuñaló a su compañero”.

¿Alguien en su sano juicio puede desconocer que se trató del mismo modus operandi de los terroristas que en 2001 derribaron las Torres Gemelas, o de los execrables lobos solitarios como el que, en nuestro país, asesinó al comerciante sanducero David Fremd en 2016? (Nunca es reiterativo recordar que el tal Carlos Omar Peralta fue declarado inimputable por la justicia y, tras ser dado de alta por el sistema de salud, desde hace dos años vive en libertad).

Después vienen con la cantinela de que no son antisemitas sino “antisionistas”, como si el derecho legítimo del pueblo judío a vivir en su propio estado justificara que se vea expuesto a estas acciones criminales que son, sí, verdaderamente genocidas.

Qué lejos estamos de los tiempos en que la gente de izquierda, con honestidad intelectual, condenaba la discriminación atroz que ha padecido la nación judía a lo largo de siglos. Ahora la levantan ellos como una nueva bandera, en su penoso cuestionamiento a los valores occidentales de democracia y libertad.

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