Salarios y poder

Dice el artículo 68 de la Constitución de la República: "Queda garantida la libertad de enseñanza. La ley reglamentará la intervención del Estado al solo efecto de mantener la higiene, la moralidad, la seguridad y el orden públicos. Todo padre o tutor tiene derecho a elegir para la enseñanza de sus hijos o pupilos, los maestros o profesores que desee".

La norma -con vigencia ininterrumpida desde 1934- no dice más que eso. Nada más ni nada menos, porque de las tantas letras muertas que tiene el texto constitucional, este cadáver es antiguo.

Hace unos días el Codicen autorizó a una Universidad privada a expedir títulos de profesor en determinadas materias entre las cuales matemáticas e inglés, que son dos de las que demuestran más carencias por parte de la enseñanza oficial. Pero se alborotó el avispero, y los agrupados en el IPA pusieron el grito en el cielo porque -créase porque la queja fue tan cierta como literal- "así se está privatizando la docencia" y no se han dado cuenta que la norma de la Constitución aludida está limitando la intervención del Estado justamente a la enseñanza privada, porque en la pública éste interviene también a "otros efectos". La "privatización" es la palabra mágica utilizada para maldecir cualquier intención de mejorar la calidad de servicios que el Estado no sabe prestar o presta mal. En estas manos está la docencia del país.

Según trascendidos de prensa se está preparando un grave conflicto en la enseñanza a desencadenarse en marzo, en qué otro mes iba a ser, si es justo cuando comienzan las clases y por consecuencia la época ideal para producir el mayor daño posible.

Se recordará que el año pasado el gobierno puso en marcha un Congreso de Educación que se desarrolló en asambleas barriales, totalmente copadas por gremialistas de la enseñanza, dejando de lado cualquier aporte que pudiera hacer la gente. Esto desembocó en un rocambolesco mitin final en el cual los pocos que concurrieron aprobaron conclusiones sobre la forma de dirigir los entes de enseñanza, reclamando autonomía -que de hecho significaba presencia gremial excluyente del gobierno- y naturalmente aumentos salariales. Es que son conscientes que éste es el último año en que podrían cristalizar sus aspiraciones. Todo el congreso se limitó a eso, de la calidad de la educación, de su descentralización, de la posibilidad de extenderla a todo el país, nada de nada. Pero lo más grave es que estos gremialistas y estudiantes creen que las conclusiones del congreso son vinculantes para el gobierno, o sea que no puede haber ley de educación posible, si no se les aseguran los dos objetivos de autonomía y poder.

El gobierno se resiste con toda lógica a perder o dejar en minoría su participación en ANEP, pero le va a costar una barbaridad explicar que no puede ceder la gestión, la dirección de los organismos, a profesores sindicalizados y a estudiantes.

Y por supuesto, no pierde presencia la gran reivindicación, que implica que el Presupuesto Nacional no pueda asignarle menos del 4, 5 % del PBI a la educación. Es cierto, a esto se comprometió el Frente Amplio, pero cuando Vázquez se lo recordó a Astori instruyéndolo para que reformulara los números, éste recogió los papeles y se fue para renunciar. Al final, la promesa quedó para este año, pero los agitadores temen que le computen las asignaciones al plan de equidad, el plan Ceibal, y les quede menos para repartírselo entre ellos.

En tanto, la batalla que se va a librar tiene como contendientes desencadenantes a quienes no aspiran a otra cosa que a salarios y poder; que nadie se haga ilusiones sobre los beneficios que puede aportar la ley a la educación en sí misma. Como siempre, quedarán como rehenes en la contienda los estudiantes, y particularmente aquellos que tienen conciencia de la importancia de su formación. Una vez más se perderá la oportunidad de impulsar un verdadero sistema nacional de educación porque todo se va a limitar a los aumentos de sueldo y al reparto de posiciones.

Nuestra sociedad ha cedido de mucho tiempo atrás este espacio que atesora su propio futuro a lo que la izquierda ha querido hacer, y con esa izquierda en el poder va a ser mucho más difícil recuperarlo. Los niveles educativos del país son bajos, y quienes pretendan ser alguien en este mundo cada vez más chico, les basta con superar fronteras, cada vez más difusas.

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