Rumbo al bicentenario

SEGUIR

Introduzca el texto aquí

Nuestro país se encuentra a pocos años de conmemorar su bicentenario de vida independiente.

Más allá de la discusión sobre el año concreto, sea la declaración de independencia de 1825, la Convención Preliminar de Paz de 1828 o la Jura de la Constitución de 1830 con la elección del primer presidente, falta poco tiempo para alcanzar ese mojón histórico. Es buen momento entonces para comenzar a pensar en como lo celebraremos como país y que significación tiene la peripecia vital de este extraordinario país en que tenemos la suerte de vivir.

Intentemos levantar un poco la mirada de nuestras miserias cotidianas y desoír por unos momentos el debate político estridente y sordo en que habitualmente nos encontramos, para apreciar desde un promontorio de nuestra llanura suavemente ondulada, en perspectiva, que lecciones nos arrojan los grandes trazos de nuestro devenir histórico.

En muchos aspectos Uruguay fue un territorio más de la colonia española -a veces portuguesa- de América. En otros tantos aspectos fuimos desde el comienzo bastante extraños. Una provincia rebelde, un lugar del continente de cara al océano, abierto a las ideas y al comercio con el viejo mundo, un país que se consolidó a fuerza de sacrificios, personalidad y arrojo de muchas personas ante las agresiones permanentes de nuestros vecinos.

Un país creado antes de tener territorio y Constitución, por cierto, pero vaya que nuestros padres fundadores, tan injustamente olvidados, nos dieron una magnífica carta magna que supo ser alabada de Alberdi en adelante por todas las luminarias de nuestro continente.

Sobre esa base institucional, junto a leyes de avanzada como la ley Massini que liberó la tasa de interés en 1838, primer país del continente en hacerlo, las leyes de apertura comercial y baja de aranceles de los ilustres gobiernos de Giró y Berro, el Uruguay se ganó un lugar en el mundo. Ese extraordinario país del siglo XIX, muchas veces caricaturizado como de “sangre y barro” tuvo mucho de bueno. Una gran constitución, buenas leyes y algunos extraordinarios presidentes. Una Universidad liberal dónde brilló el pensamiento de Pedro Bustamente, Francisco Lavandeira, Carlos de Castro, Carlos María Ramírez y muchos otros. Una prensa que hacía docencia diaria con los temas más relevantes de actualidad. Y una sociedad civil vigorosa que creó las sociedades de ayuda mutua y el Teatro Solis, entre muchas otras cosas.

Aquel país sin empresas públicas, bajos impuestos y abierto al mundo llegó a ser, pese a todos los problemas que enfrentó, uno de los más ricos del mundo en términos de producto por habitante.

Aquel país sin empresas públicas, bajos impuestos y abierto al mundo llegó a ser, pese a todos los problemas que enfrentó, uno de los más ricos del mundo en términos de producto por habitante, alcanzando a los países del primer mundo. De allí en adelante comenzamos a retroceder. Un Estado que fue creciendo en tu peso sobre la sociedad y en sus funciones fue una de las claves. Desde fines del siglo XIX esta tendencia ya era clara. Lo mismo puede decirse de la cerrazón comercial que fue limitando nuestro crecimiento. Ambos procesos, el estatismo y el proteccionismo, fueron cobrando velocidad con el paso de las décadas durante el primer battlismo, el terrismo y el segundo batllismo. Las consecuencias no resultan sorprendentes, hacia mediados del siglo XX la economía uruguaya se estancó y su producto por habitante ya era entonces la mitad del que tenían los países líderes.

El país luego tuvo un período tumultuoso. Una guerrilla criminal a la que siguió una dictadura inmisericorde, jalonaron años oscuros para el país. Con la recuperación democrática el país recuperó su clima de convivencia y procesó reformas importantes que explican el crecimiento de los años posteriores y la mejora en los indicadores sociales. El proceso de liberalización liderado con gran empuje por Lacalle Herrera sin dudas es el pilar fundamental del proceso.

Este rápido racconto arroja algunas conclusiones en que vale la pena detenerse. Uruguay fue próspero cuando logró combinar la libertad política con la económica. Retrocedió e involucionó políticamente cuando cercenó la libertad económica. La cultura, las instituciones y la sociedad civil jugaron un rol clave en los procesos de mejora democrática y de mayor apertura de la economía. Esto nos dice, también mucho sobre el futuro que debemos mirar para el camino a recorrer rumbo al próximo bicentenario; el destino del país se juega en lo que seamos capaces de hacer. En qué nuevos caminos nos animamos a recorrer, dejando atrás atavismos perversos y conservadurismos esclerosantes. Lograrlo, afortunadamente, depende de cada uno de nosotros.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Editorial

Te puede interesar