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El presidente Luis Lacalle Pou, con su consagrado don de la ubicuidad, también se hizo presente la semana pasada en la tradicional Gala de Endeavor.
Una organización responsable de haber introducido 22 años atrás, el hasta entonces alejado concepto del “emprendedurismo” junto al impulso a las iniciativas con potencial de alto impacto. Entre los distintos temas abordados durante la comida, no faltó el de la Reforma de la Seguridad Social y a pesar de lo difícil que es llevar adelante proyectos estructurales profundos, así sea en cumplimiento de un compromiso de campaña, el Presidente se mostró optimista. Bastante optimista.
Si bien de acuerdo a una reciente encuesta de Cifra, el 50% de los uruguayos ha dicho que ni oyó, ni sabe nada, sobre la reforma previsional (no deja muy bien parada a la población local ni a los esfuerzos de comunicación) lo cierto es que las necesidades de caja del sistema previsional, (con toda su burocracia incluida) llegan al 11% del PIB nacional. Mucho dinero del Estado que en lugar de invertirse en otras áreas, como puede ser la enseñanza, la salud, la seguridad, la primera infancia, etc. se destina a paliar un régimen seriamente desfinanciado que no da abasto. Si no se hacen ciertas reformas de una buena vez, algo esencial para la sociedad y el país entero carecerá de viabilidad en el futuro. Es como una bomba de tiempo cuyo reloj va haciendo“tic tac”, “tic tac”...
Ante semejante certeza, tal como lo hizo en la pandemia y con muy buenos resultados, la Presidencia creó otra especie de GACH, encabezado por Rodolfo Saldain. Un experto con vasta experiencia en esa materia, padre de la reforma aplicada en 1996 que permitió oxigenar un sistema social que no daba para más. La introducción de un sistema mixto, parte por ahorro individual y parte por el viejo sistema de reparto, hizo posible el sinceramiento de aportes y jubilaciones, absolutamente indispensable. Se aligeró el arduo deambular por los misteriosos meandros del edificio de la calle Fernández Crespo y los trabajadores finalmente tuvieron acceso a sus cuentas, a sus ahorros, los trámites se hicieron más veloces y cada empleado pasó a contar con su historia laboral al alcance de un “click”. Se contuvo una situación crítica y si los resultados no han sido mejores se debe en buena medida, a los variados agujeros introducidos luego, en la era frenteamplista.
Aunque mucha gente se haya declarado ignorante respecto de este asunto que desvela al gobierno y es un tremendo desafío para cualquier gobernante serio, los riesgos de los sistemas jubilatorios preocupan tanto en el primer mundo como en los países de menor desarrollo. A excepción de los que podríamos calificar de caídos del mapa, esas naciones donde la contención social es casi inexistente.
Las necesidades de caja del sistema previsional, (con toda su burocracia incluida) llegan al 11% del PIB nacional. Mucho dinero del Estado que en lugar de invertirse en otras áreas se destina a paliar un régimen desfinanciado que no da abasto.
Para cualquier uruguayo atento al problema, se trata de un asunto grave al que se le suman las dificultades provenientes de las posturas políticas ultra antagónicas (sindicatos y Frente Amplio se manifestaron en contra de todo, aún antes de conocer la propuesta) al tiempo que no faltan las dificultades para ponerse de acuerdo con integrantes de la coalición de gobierno, que o tienen puntos de vista distintos, aunque no necesariamente los debidos conocimientos para opinar como si dominaran la intrincada ingeniería que supone hacer una adecuada reforma. Cuando no se trata de la ambición de lograr destaque político.
Un informe del FIAP indica que las tasas de cotización (TC) para dar sostenibilidad a un régimen de reparto tipo (la tasa de aportación es el único aspecto que se puede ajustar, mientras la edad de jubilación y la forma de cálculo de los beneficios se mantienen constantes) serán insostenibles en el mediano y largo plazo. En Uruguay el envejecimiento de la población genera una caída del 31% en el monto de las pensiones dentro del sistema de reparto. Con el de ahorro individual, la baja rondaría un 11%. En el primer caso, se depende de cuantas personas en edad de trabajar existen por cada una en tiempo de jubilarse, en lo cual incide también el aumento de la expectativa de vida y además la caída de la tasa de fecundidad.
En las AFAP, el monto de las pensiones se relaciona solamente con el crecimiento del tiempo de vida al jubilarse. Un mayor período requiere dividir el saldo acumulado por un plazo más largo. De acuerdo a la FIAP, debería sustituirse total o parcialmente el sistema de reparto por el de ahorro individual (Uruguay, lo hizo con la reforma de 1996) o ir ingresando de forma progresiva, mecanismos de ahorro individual voluntario. En el año 1999,17 naciones lo hicieron, en 2009, eran 39 y actualmente son 461.