SEGUIR
Con firme convicción y un claro sentido del deber, las autoridades de la ANEP siguen recorriendo centros de enseñanza para explicarles a docentes y padres qué se pretende hacer con la transformación educativa.
A veces esos encuentros “cara a cara”, como los llama el presidente del Codicen Robert Silva, son verdaderos desafíos, ya que exigen una dosis de heroísmo y de paciencia para soportar a los grupos militantes de estudiantes del IPA y de docentes. En su oposición a las propuestas de cambio, no tienen límites: su agresividad asombra. Tanto despliegue de grosería reafirma la urgencia para poner en marcha los cambios propuestos por la ANEP. Si el nivel de educación (de mala educación) que muestran los manifestantes es de ese tenor, urge lanzar cambios que logren que las generaciones venideras de docentes vengan mejor preparadas en conocimientos, formación y en valores de respeto y consideración hacia “el otro”.
El gobierno está empeñado en poner en marcha este proyecto y por lo tanto es lógico que quiera explicarlo a la mayor cantidad de gente. Eso es lo que se propuso Silva al programar estas visitas en Montevideo y en otros lugares del país. Explicar “cara a cara” lo que van a hacer con la enseñanza.
Sin embargo, un grupo de docentes y estudiantes (o sea, futuros docentes) resolvió empañar estos encuentros. No empañárselo a Silva, que mostró tener el cuero duro en estas situaciones, sino a otros docentes y a padres que quieren saber de que se trata y que se sienten violentados ante los ordinarios insultos lanzados por estos presuntos militantes.
Alarma corroborar que algunos ya son profesores y maestros y que otros lo serán en breve. Si esta es su actitud, ¿qué puede esperarse de ellos cuando dan clases?, ¿qué enseñan?, ¿cómo enseñan?
Su modelo es el de algunos dirigentes sindicales de Fenapes. Dirigentes que expresamente manifiestan su desinterés en enseñar, y que pasaron sus años de formación en el IPA organizando asambleas, huelgas y demás. Así, mucho no pueden haberse formado.
Ocupaciones, huelgas, escraches, y otras expresiones de grosería confirman que es necesario avanzar contra viento y marea con los cambios en la educación.
No se muestran como profesores dedicados y con interés por lo que hacen. No son un modelo para sus alumnos ni lo son para sus colegas.
Tanto en las ocupaciones como en las manifestaciones contra las concurrencias de Silva, es notoria su incapacidad de cuestionar con argumentos lo que ANEP propone, porque no tienen idea de que se trata. Están en contra por solo estar en contra. Siempre lo estuvieron, fuera cual fuera la reforma. A veces parece que ni siquiera quieren trabajar.
Entonces, a falta de buenas razones, insultan. Y cómo lo hacen.
El país entero ve ese estilo grosero, grotesco e ignorante, y se pregunta alarmado si esos mismos son los que enseñan a nuestros hijos. Durante años los estudiantes del IPA reclamaron que sus estudios tuvieran un reconocimiento equivalente a una licenciatura. Nadie los escuchó. Ahora que este gobierno propone una solución, la rechazan. Dicen que el título será un “cartoncito”.
Tanto desparpajo obliga a preguntarse porqué eligieron ser docentes, porqué no se formaron como boticarios, terapeutas, paisajistas, publicistas, o tantos otros oficios y profesiones que les hubieran ofrecido una vida más feliz.
Hay cada vez más profesores y maestras que se fastidian cuando en las reuniones con el presidente del Codicen se generan estas situaciones.
La insolente actitud de los presuntos militantes no refleja ni expresa el sentimiento de una porción grande del cuerpo docente. A muchos les interesa genuinamente saber sobre la transformación educativa que propone el gobierno.
Se dieron a conocer la cifras de adhesión a la reciente huelga docente y fueron muy bajas. Un número significativo de docentes concurrió a trabajar.
Está llegando la hora de que ese sector, más allá de cuales sean sus opciones electorales y políticas, asuma su responsabilidad y se haga escuchar Que rechace de modo contundente el modelo irrespetuoso de docencia que proponen algunos sindicalistas y les hagan saber que así la cosa no funciona.
Ocupaciones, huelgas, escraches, y otras expresiones de grosería confirman que es necesario avanzar contra viento y marea con los cambios.
Gente con esa conducta no quiere escuchar ni tiene nada para proponer. Desde que regresó la democracia los sindicatos no han hecho más que bombardear toda reforma propuesta.
Por eso, urge esta transformación y así preparar a los siguientes cuerpos docentes. Con estos es imposible trabajar, no es lo que los padres quieren para sus hijos, y no tienen la vocación necesaria para cumplir con su trabajo.