Promesas e ilusiones

Finalmente llegó el esperado día: se firma hoy el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur que promete ser un instrumento clave para abrir el comercio de ambas zonas a un intercambio mucho mayor. No es necesario recordar los más de 25 años que hace que estas negociaciones se están llevando adelante. Lo importante ahora es tratar de ir un poco más a fondo de lo que señalan los titulares optimistas y entender qué escenarios se pueden entrever para los próximos tiempos.

En primer lugar, importa mucho que nuestro parlamento lo ratifique rápidamente. En efecto, el acuerdo entrará en vigor de forma uno a uno, lo que quiere decir que si Uruguay y el parlamento europeo lo aprueban -y es posible que eso ocurra en este año 2026-, ya arranca a regir para nosotros. No será necesario esperar a lo que ocurra con Argentina, Brasil y Paraguay. La UE por su parte ha sido consciente de las enormes resistencias internas de este proceso, por lo que ha implementado un sistema inicial de aplicación de las partes comerciales del acuerdo sin tener que esperar a que sea ratificado por los parlamentos nacionales (y hasta regionales) que este tipo de decisiones por lo general exigen.

En segundo lugar, está la oposición que este acuerdo ha generado en Europa. Sabido es que de los 27 Estados miembros de la UE, no lo aprobaron Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría. Y aquí hay algo fundamental que muestra un cambio radical del equilibrio de potencias interno de la UE: es la primera vez desde que esta unión regional existe, es decir desde 1957, que una decisión tan importante se vota con la oposición explícita de Francia. Esto tendrá consecuencias políticas importantes a futuro: Alemania parece haber encontrado equilibrios nuevos que favorecen sus políticas con relación a las posiciones galas, y ha logrado imponer pues su punto de vista.

Más allá de los detalles de esos análisis que atañen a especialistas europeos, la clave está en cómo seguirá en concreto el acuerdo. En efecto, para poder aprobarse la UE incluyó a último momento cláusulas muy restrictivas con relación a los productos agrícolas que son, sabido es, mucho más competitivos en el Mercosur que en Europa. ¿Acaso Francia y sus aliados harán un uso indiscriminado o abusivo de esas cláusulas para intentar ganar en la cancha lo que perdieron en la política interna de la UE?

No solamente hay que tener en cuenta esta posible política obstruccionista de Francia -que tiene su antecedente más famoso hace sesenta años, con lo que se llamó la “política de la silla vacía” llevada adelante por De Gaulle con relación a Europa-, sino también las posibles consecuencias de todo esto en los escenarios nacionales de los principales países. Por ejemplo, ¿acaso este acuerdo no termina debilitando las posiciones políticas de centro en Francia y facilitando el triunfo en 2027 de una candidatura presidencial de extrema derecha?

En cualquier caso, lo relevante para Uruguay es concentrarse en lo que debe hacer y en las perspectivas reales que se abren con los varios procesos que tiene por delante. Está claro que hay que lograr que este acuerdo entre en vigencia lo antes posible; pero está claro también, que hay que ser prudentes y prestar atención a la efectiva puesta en marcha de este tratado del lado europeo. En este sentido, el innegable y positivo avance que ha significado este proceso con la UE no debe de ningún modo quitar energía a un acuerdo que desde el punto de vista comercial es tan o más prometedor que el que se firma hoy en Asunción: el del CPTPP.

En efecto, con ese tratado internacional Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y Reino Unido nos han abierto la puerta a un avance que sólo depende de nosotros para ir mucho más lejos, y que no presenta posibles sorpresas futuras por causas de situaciones coyunturales en tal o cual país como ocurre con el de la UE. Importa mucho entonces la visita presidencial de Orsi a Japón, que es una potencia mundial de gran peso con la que podemos acrecentar nuestras relaciones comerciales y económicas, un actor fundamental del CPTPP en Asia, y un aliado estratégico clave de Estados Unidos en esa región.

No debemos ilusionarnos excesivamente con el acuerdo Mercosur- UE. No es algo que vaya a tener consecuencias inmediatas y sufre resistencias internas europeas muy grandes. De todas maneras, se trata obviamente de un paso muy positivo. Hay que seguir caminando en esta senda.

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