Polarización y nerviosismo

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Si hay que buscar una constante -y una explicación- a la acción que viene desplegando el Frente Amplio en los últimos tiempos, notoriamente sería la falta de templanza que sufren sus principales dirigentes.

Sus salidas destempladas, los comentarios catastrofistas, las contradicciones permanentes y su creciente lejanía de los problemas del país real solo se explican en clave de lo preocupados que están porque saben que van camino a perder la próxima elección.

En efecto, lo que los pone inquietos es ver que la Coalición Republicana a la que auguraban corta vida está firme y unida y se encamina a obtener una nueva mayoría parlamentaria en 2024. Así como triunfaron en las nacionales de 2019, en la segunda vuelta del mismo año, en las departamentales de 2020 y en el referéndum sobre la Ley de urgente consideración, todo parece indicar que el sentido común uruguayo está bien representado en el abanico de los partidos democráticos que hoy gobiernan.

Las señales de que la dirigencia frentista no da pie con bola son claras. El Frente Amplio se ha quedado sin sectores moderados, todos se radicalizan y se alejan de la realidad para abrazarse al kirchnerismo, al político corrupto que resultó presidente electo en Brasil -absuelto por un vericueto legal sobre la jurisdicción del caso, cuando fue condenado en reiteración real por el fondo del asunto- o al presidente chileno que tiene 71% de desaprobación y ahora quiere desmantelar el sistema de previsión social de su país.

La reciente declaración del sector que presuntamente aspira a ser algo parecido a lo que fue el Frente Líber Seregni o Asamblea Uruguay en el pasado, además de ser poco relevante desde el punto de vista de su peso electoral, también juega la carrera del radicalismo.

Como sus compañeros comunistas y tupamaros se niegan a condenar a Venezuela y a Cuba por sus crímenes de lesa humanidad, critican al gobierno por políticas que saben que son acertadas y hacen el simulacro de tener candidatura propia cuando ya ha trascendido su acuerdo con Orsi. Si finalmente el año que vienen lanzan la candidatura de Bergara será por unos meses, para negociar mejor posiciones en las listas.

Basta ver las declaraciones del senador Mario Bergara sobre el proyecto de reforma de la seguridad social que trasuntan oposición por oposición sin fundamentos o las declaraciones del senador Mahía calificando al gobierno nacional como “narcogobierno”, además del tono de insultos y gritos permanentes con el que se expresan desde Fernando Pereira a los legisladores.

El violento ataque a Laura Raffo por parte de un pseudoexperto en temas tributarios que no sabe que los impuestos indirectos son los que más recaudan en Uruguay en un reciente programa de televisión es otro claro ejemplo.

Otra señal de la inquietud que expresa la oposición es el empleo de estrategias impropias de las tradiciones del Uruguay, como el uso de una señal pública como TV Ciudad como medio de propaganda partidaria.

La Usina de Percepción Frenteamplista, radares de consumo compañeros, la gremial de periodistas como palanca propagandística, todo apunta al despliegue de una estrategia que no tiene reparos en dañar la buena imagen del país con tal de obtener sus fines.

Pero sin dudas lo que más saca de eje a la oposición es que, pese a todo esto, el gobierno siga teniendo un apoyo popular muy alto para el momento político que atraviesa. Y en comparación con la mayoría de sus pares de la región.

Por más que se ha intentado pegarle con episodios propios de lo peor del chusmerío de programa de la tarde de la TV, los uruguayos saben que la pandemia se atravesó con relativo éxito, y que pese las dificultades externas, la economía crece vigorosa, y el panorama a futuro luce mucho más positivo que lo que se hubiera imaginado hace dos o tres años. Suelen afirmar los politólogos que la mitad del período de un gobierno es el momento de menor aprobación. Si esto es cierto, si la economía crece al 5% este año, si continúan generándose puestos de trabajo si se avanza con la transformación educativa y si logra una reforma de la seguridad social que asegura mejorar las jubilaciones más bajas y su sustentabilidad en el tiempo, la Coalición Republicana tiene todo para renovar el crédito que le dio la ciudadanía en 2019, 2020 y este año.

De todas formas, centrarse en eso a dos años de las elecciones sería un peligro para el gobierno. Si aspira a esa renovación, la única receta exitosa es poder mostrar una segunda mitad de mandato más positiva aún que la primera.

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