Pobreza y desigualdad

La campaña del Frente Amplio (FA) repite constantemente dos mentiras: el aumento de la inseguridad por un lado, y el aumento de la desigualdad y la pobreza por el otro.

En primer lugar, no hay nadie que esté conforme con la situación de inseguridad que sufre el país. Cuando se plantean ejemplos concretos y cuando la realidad golpea en lo personal o en lo familiar, es evidente que no hay explicación teórica que valga para salir del sentimiento de que seguimos estando mal. Empero, a pesar de ello, el debate político sobre este asunto no puede llenarse de descripciones de tragedias individuales, porque ellas existen hoy -con asesinatos de niños en las puertas de bocas de pasta base, por ejemplo-, pero existieron también en épocas de gobiernos frenteamplistas -con jóvenes asesinados y trozados en pedazos para ser alimento de cerdos, por ejemplo.

En estas circunstancias espantosas, importa entonces que los actores políticos asuman su responsabilidad de liderazgo y seriedad, y discutan en función de datos constatables que describan la evolución general, y no las tragedias personales, de la situación de inseguridad. ¿Y cuáles son los datos de esa inseguridad hoy en Uruguay? Son estadísticas que muestran que seguimos estando mal, pero que estamos mucho mejor que en el último período de la presidencia de Vázquez. Por tomar como ejemplo las rapiñas, que son los robos con violencia: en cifras redondas, fueron más de 30.600 en 2019 y alcanzaron algo menos de 22.400 en 2023. Los homicidios, tan graves en una sociedad que quiere vivir en paz, pasaron del mayor número de 421 en 2018 a 382 en 2023.

El problema es que, en vez de aceptar los datos, hace años que el FA la emprende contra la credibilidad de la tarea estadística del Estado. El asunto no es menor porque tanto el exministro Larrañaga como todos sus sucesores decidieron conservar los mismos equipos estadísticos que trabajaron en tiempos de administraciones del FA, entre otros motivos para justamente evitar las suspicacias que pudieran deslegitimar los resultados en función de cambios de personal o metodología por causa de la alternancia de partidos en el poder.

La irresponsabilidad del FA es así mayúscula: con tal de mantenerse en su mentira, diciendo que todo está peor que antes en inseguridad, es capaz de deslegitimar, sin prueba alguna, la tarea de los funcionarios públicos dedicados desde el tiempo de la administración Bonomi a generar las estadísticas de criminalidad del Estado.

En segundo lugar, el FA carga contra el gobierno diciendo que aumentó la desigualdad y la pobreza. Vale la aclaración, porque parece que la izquierda vive con un balde en la cabeza: la pobreza aumentó en todo Occidente entre 2020 y 2022 por razón de las consecuencias sociales de la pandemia, y en Uruguay no aumentó tanto como en otras par- tes como por ejemplo en Argenti- na. Pero, sobre todo, bajó luego rápidamente y está hoy en guarismos similares a los anteriores a 2020. En concreto, en 2022 las personas por debajo de la línea de pobreza fueron 9,9% del total, y en 2019 eran 8,8%: un aumento de 1%, cuando de por medio soportamos la pandemia; y seguramente los datos de 2023 sean mejores que los del 2022 y alcancen un guarismo similar al de 2019.

En materia de pobreza no es verdad entonces que haya aumentado por causa de las políticas del gobierno: por el contrario, fuimos de los países en los que la pobreza menos creció a pesar de la pandemia, y gracias justamente a las políticas sociales desplegadas por el gobierno. Algo similar ocurrió con respecto a la desigualdad que se mide por el índice de Gini y que desmiente radicalmente lo que afirma el FA en campaña. En efecto, el índice de Gini viene siendo de 0,38 desde 2018 y solo cambia marginalmente en la tercera cifra después de la coma de año en año, lo que metodológicamente puede incluso ser considerado dentro del margen de error del cálculo.

Para comparación, los resulta- dos fueron peores en 2009 (0,43) con gobierno de Vázquez, o en 2011 (0,40) con gobierno de Mujica: el Uruguay era entonces más desigual que ahora.

Ni vivimos con más inseguridad, ni aumentó la pobreza radicalmente, ni somos una sociedad más desigual hoy que en 2019. Por el contrario, somos una sociedad más segura, estamos camino a seguir sacando uruguayos de la pobreza -algo que se verificará con los resultados de 2023-, y conservamos el signo general de ser la sociedad más desarrollada e igualitaria de Sudamérica. Basta de las mentiras del FA.

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