Pensar en el largo plazo

Montevideo sigue siendo frenteamplista y buena parte del resto del territorio nacional continúa siendo blanco. Los colorados mantienen su imbatible bastión en Rivera. Y si los frentistas creyeron que ampliarían su presencia fuera de sus ya conocidas zonas de influencia, no lo lograron. Ganaron Río Negro es cierto, pero perdieron Salto. Tendrán que esperar qué pasa con los votos observados en Lavalleja, pero aún en el difícil caso de un triunfo, de modo alguno puede considerarse un significativo avance.

Así quedó entonces el mapa territorial tras una jornada electoral con una alta concurrencia ciudadana.

Como era de esperarse, la capital volvió a quedar en manos del Frente Amplio y si bien la distancia con la Coalición se acortó respecto a 2020, el triunfo igual fue incontestable. Se dio lo que decía en su reciente columna Juan Martín Posadas: la mayoría de los montevideanos no votó pensando en las necesidades del departamento sino para reafirmar una identidad, su decidida pertenencia a una tribu: “soy lo que voto”.

El “spot” de Constanza Moreira apoyando la candidatura de “Vero” (Verónica Piñeiro) explica ese fenómeno. Ella pedía votar por un Montevideo feminista, inclusivo y antirracista. No había mención a eliminar basurales, mejorar el transporte, iluminar las calles, embellecer plazas o ensanchar avenidas. Obras que de hacerse mejoran la ciudad tanto para unos como para otros; son inclusivas en su esencia.

Hacer una campaña en el mismo tenor, es imposible. El sentido de pertenencia partidaria de blancos y colorados es diferente; actúan con mayor autonomía crítica.

Urge entonces que la Coalición vaya pensando desde hoy una estrategia distinta a la de los frentistas. Eso requiere analizar todas las posibilidades y conocer cada rincón del departamento para saber dónde hay que hacer qué cosas. Se trata de un trabajo que no empieza a diseñarse el día después de la segunda vuelta de la elección nacional. Requiere tiempo, esfuerzo, pensar en el largo plazo y empezar justamente cuando se está lejos del período electoral.

Desde que en 1989 el FA ganó la Intendencia capitalina, la reacción de blancos y colorados fue de resignación. La certeza de que Montevideo estaba perdida llevó a no pelear por ella. Los candidatos aparecían a último momento y las propuestas no eran más que generalidades.

Se hizo un mayor esfuerzo en 2020 al presentar una fórmula común con Laura Raffo. Movilizó más que en años anteriores, pese a que también se armó con poco tiempo.

Martín Lema empezó a plantear su candidatura desde hace más de un año y su pasaje por el Mides lo ayudó. Quizás eso explique que le haya ido mejor que a sus antecesores, pero aun así se necesita más esfuerzo y afinada puntería. A diferencia de Montevideo, en los demás departamentos los votantes deciden sobre cosas que afectan al lugar donde viven. Los intereses de la comarca importan y se hacen valer.

Para el Partido Nacional fue una prueba importante. Siendo el socio mayor de la Coalición a nivel nacional y el segundo partido del país, su predominio en los departamentos marca territorio y ofrece un escenario diferente desde donde incidir en la política, especialmente cuando quien gobierna el país es el adversario. Eso implica además, una enorme responsabilidad.

Queda pendiente evaluar qué pasó en los lugares donde compitió la Coalición Republicana. No ganó en Canelones y Montevideo pero sí lo hizo en Salto en forma contundente. ¿Qué hubiera pasado en Río Negro y de haber ido juntos blancos, colorados y sus otros socios? O en Lavalleja donde todavía hay que esperar el conteo de votos observados. El exceso de confianza juega malas pasadas y algunas advertencias debieron ser atendidas en su momento. Ningún partido está obligado a perder su identidad y su perfil, pero cada vez más se afianza la necesidad de avanzar en el concepto de la Coalición. Las formas en que el electorado responde a la realidad están cambiando, lo que obliga a imaginar nuevos escenarios.

Otra vez, como ocurrió en Artigas, Salto y Soriano, quedó demostrado que gestiones cuestionadas por todo el país e incluso por sus partidos, volvieron a ganar. Se da así esa curiosa (y peligrosa) contradicción de que pese a que esas gestiones perjudican la imagen de un partido a nivel nacional, no sucede en sus respectivos departamentos.

Todavía es temprano para entender cómo se dio el resultado de las votaciones para alcaldes y concejales. Ello demandará un afinado análisis en un próximo editorial.

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