En los últimos años la consciencia ecológica en las sociedades modernas ha crecido en forma imparable. Esto, que es un avance destacable desde cualquier punto de vista, también tiene sus peligros. Con el afán de llevar los temas ambientales a los hogares, a veces se cae en simplificaciones y facilismos, que agitados por personas que tienen su propia agenda, pueden provocar consecuencias indeseables. Basta mirar lo que sucede en Gualeguaychú.
En un artículo publicado hace unas semanas en este diario, Paul Reiter, destacado científico estadounidense, señalaba que: "en nuestra era de la información, el conocimiento popular sobre temas científicos se ve inundado por una marea de desinformación". Lo que termina pasando es que a nivel social determinadas falsedades o medias verdades sin sustento científico son repetidas tantas veces que terminan siendo dadas por buenas. Veamos un par de ejemplos:
En Uruguay, una de las áreas donde esto se puede ver con mayor claridad es en todo lo referido al tema de la forestación. Lo que comenzó siendo visto como una actividad positiva, poco a poco ha ido derivando hacia el otro extremo. El principal villano de esta historia ha pasado a ser el eucalipto. Se afirma que usa demasiada agua, que provoca la desertificación de los suelos y que consume todos los nutrientes de la tierra. En los últimos tiempos, personalidades tan diversas como el dirigente del gremio del taxi, Gustavo López, o el jugador de fútbol, Diego Jaume, han salido en los medios condenando al pobre arbolito como enemigo número uno del planeta. Sin embargo, los expertos parecen opinar lo contrario. Se dice con tono alarmista que cada eucalipto consume 30 litros de agua por día, lo cual parece muchísimo. La cifra deja de ser tan preocupante cuando la comparamos con otras. Según un informe llamado "Agua y Salud" de la Dinama, cada persona promedio en una ciudad gasta 400 litros de agua por día. Regar un jardín consume entre 10 y 15 litros de agua por metro cuadrado. Pero más allá de eso, el eucalipto es mucho más eficiente que otros cultivos en el aprovechamiento del agua. Se estima que para producir un kilo de madera, se precisan 350 litros, mientras que 1 kilo de papa puede llevar 2.000 litros, y un kilo de girasol 3.250 litros.
Otro tema que muestra el peligro de llevar la conciencia ecológica al extremo es el del biocombustible. En plena "fiebre" por el calentamiento global, y el alza del precio del petróleo, se ha producido un vuelco masivo hacia el etanol y otros combustibles de base vegetal, principalmente maíz. Esto, que parece tan positivo por un lado, ha generado un aumento escandaloso del precio del grano, elemento clave de alimentación en muchos países. Por ejemplo en México, donde la tradicional "tortilla" ha cuadruplicado su precio en pocos meses. Pero además no todo lo que brilla es oro. Mientras el presidente Lula ha tomado la bandera de impulsar este tipo de combustibles, y anunció que durante la visita de Bush analizarán el tema en el entendido de que "los biocombustibles no son contaminantes y generan millones de empleos, sobre todo en países agrícolas", el mexicano Mario Molina, premio Nobel de química en 1995, sostiene todo lo contrario, y dice que "la combustión del etanol produce más gases de efecto invernadero que otros combustibles y su elaboración, a partir del maíz, origina grandes cantidades de bióxido de carbono". ¿A quién habrá que creerle?
Otro tema candente en Uruguay es el de los transgénicos. El uso de estas semillas ha hecho posible el "boom" de la soja (otro enemigo de los ambientalistas), que reporta millones al país. Pese a esto, las autoridades uruguayas han decretado una prohibición de entrada de más variedades transgénicas, sin dar demasiados argumentos, más allá de los tradicionales miedos de aquellos que los han etiquetado como "comida frankenstein", sin que nunca nadie haya podido probar su nocividad. Esto a contrapelo de lo que sucede en el mundo, donde ya hay 100 millones de hectáreas de cultivos genéticamente modificados, que crecieron un 13% sólo en el 2006. ¿Quién tendrá razón?
Como se ve, hay temas que son más complicados de lo que mucha gente quisiera creer, y la pasión y las buenas intenciones no alcanzan para lograr buenos resultados. El gran problema es que como señaló el científico danés Bjorn Lomborg en una removedora entrevista publicada en el "Que Pasa", "en Occidente el ecologismo es un sustituto de la religión". Esto hace muy difícil un diálogo razonable y constructivo que permita enfrentar los desafíos ambientales de la sociedad moderna, sin provocar consecuencias que sean más graves que la propia enfermedad.