Paradojas carnavaleras

Por el semanario Búsqueda de ayer nos enteramos que el gobierno analiza enviar una misión diplomática a Cuba, en solidaridad con la difícil situación que atraviesa la isla.

Es una tragedia autoinfligida: más de seis décadas de dictadura, con un sistema económico estatista que solo podía sostenerse por el financiamiento de la Unión Soviética primero y de Venezuela después, era obvio que iba a llegar al peor fin.

Pero el buenismo de la izquierda uruguaya está pensando en mandar alimentos, algo así como una gota en el océano, cuando lo que debe hacer es unir su voz al reclamo internacional de la urgente restauración democrática en ese país. Porque como decía el expresidente argentino Raúl Alfonsín, “con la democracia no solo se vota: se come y se educa”.

Tal vez el punto más paradójico de la crónica de Búsqueda está en que “algunos dirigentes del Secretariado Ejecutivo del FA tienen dudas sobre si una visita a la isla contribuirá o resultará en un compromiso del gobierno anfitrión que terminará derivando en más problemas que ayudas concretas”. Más explícitamente, “un dirigente de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del FA (Carifa) comentó que lo mejor sería destinar el dinero de los pasajes a, por ejemplo, donaciones”. Es significativo que el mismo gobierno que dilapidó recursos públicos para turismo político en las recientes misiones exageradamente numerosas a China y Suiza, ahora reconozca que los pasajes de avión pueden ser un gasto superfluo.

También nos enteramos de que no tienen la seguridad de que una eventual donación de alimentos llegue a destino, y que “meses atrás Uruguay anunció su intención de enviar alimentos a la Franja de Gaza, pero eso luego no se concretó por problemas logísticos”. Como la incorporación de dos mil policías, o el bono universal para escolares, o el compromiso de no aumentar impuestos: cosas que se prometen para la tribuna y después no se concretan “por problemas logísticos”.

Sin embargo, esta no es la única paradoja que nos ofrece el gobierno en estas carnestolendas.

También nos enteramos de que, después de años de reivindicar la independencia de las “murgas compañeras” y argumentar que siempre criticaron a todos los partidos -no solo a blancos y colorados- ahora que de verdad estas critican al FA, y muy duramente, se empezaron a enojar.

En otra nota del citado semanario de los jueves, se enumeran esas polémicas.

La murga Diablos Verdes evoca la clásica despedida de los Patos Cabreros, cantando “muchas de las parejas / que están en el tablado / votaron a la izquierda / y varias se han clavado / Se vienen los recortes / como en TV Ciudad / aumentan los impuestos / le suben combustibles / y están todos acá”.

Por su parte, Cayó la cabra se queja de los desbordes de los contenedores de residuos: “Que siga ganando el Frente / la intendencia últimamente / la verdad que es un milagro”.

Consultado el senador Sebastián Sabini, declara que respeta las críticas “como expresión de un hecho artístico”, pero enseguida puntualiza: “Lo único que me llamó la atención es lo de Un Título Viejo”. Esta murga tiene un cuplé donde se critica que “el presupuesto es parecido al anterior”, “suben impuestos y el salario está rozando la inflación”. Observa que “renunciaron tres ministros”, que “si no fueran de los nuestros / se les diría blancos pillos”, y hasta señala a “un presidente bien sensible y bien de izquierda” que pone “de ejemplo a Bukele y no entendés una mierda”. Sabini replica que “eso no lo entendí. Podés decir que no es suficiente, pero no que no subió el salario. Y lo de los tres ministros, me quedé pensando cuáles fueron los otros dos, además de Cecilia Cairo... La crítica, en todo caso, debería estar basada en datos reales”. El legislador integra el MPP, al que define como “el más grande, un actor central del gobierno”, que es ahora también “el mayor cartón ligador. Habría que preguntarles a las murgas por qué”.

La respuesta es obvia y Sabini no la desconoce: el Teatro de Verano y los tablados son este año el campo de batalla de la izquierda radical, representada por comunistas, socialistas y Casagrande, contra un MPP al que no perdonan ni su liderazgo en votos ni el tono un poquito más pragmático con que gobierna, atemperando en algo la burda demagogia con que llegó al poder.

En la vereda de enfrente, los coalicionistas no deberíamos limitarnos a mirar esta patética riña murguera, sino a seguir promoviendo la importancia de gestionar en serio.

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