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En la misma semana en que el expresidente del Pit-Cnt y actual presidente del FA Fernando Pereira hizo prensa con la iniciativa de “bajar la pelota al piso” para no promover “discursos de odio”, la central sindical con la que coordina acciones opositoras celebró un nuevo paro general.
La contradicción no debería sorprendernos: sigue rigiendo la filosofía del “como te digo una cosa, te digo la otra” que José Mujica convirtió en paradigma ético hace ya más de una década.
En la peculiar interpretación lingüística de la oposición, es odio que una senadora de la República ejerza su libertad de expresión en Twitter, pero no lo es que el sindicato de magisterio admitiera explícitamente que no harían guardia gremial para alimentar a los escolares durante el paro, porque según ellos, su trabajo es educar y no brindar alimentación a los niños a su cargo.
Fundamentan la movilización en la consigna “En contra del modelo de desigualdad”, pero ellos mismos dejan de hacerse cargo de la alimentación de los más vulnerables. Así lo declaró a La Diaria Soledad Moraes, secretaria general de Ademu: “se resolvió por mayoría no continuar con guardias gremiales los días de paro”. La publicación colega, que no puede ser sospechada de derechista o reaccionaria, transcribe que para Moraes “es una decisión fuerte, pero históricamente el gremio no realizaba guardias gremiales los días de paro”.
Consultada sobre la posibilidad de que se declarara la esencialidad de la alimentación escolar, como se manejó en junio pasado, la dirigente sindical manifestó que los docentes entienden “que la alimentación dentro de las escuelas no es esencial, en el sentido de que no todas las escuelas tienen comedores y la alimentación no debe ser la prioridad de Primaria, sino que debe ser el enseñar”. Así como lo ve, estimado lector. ¿Cuál es la desigualdad contra la que dicen parar, si se declaran desinteresados en alimentar a los niños de las familias que menos tienen? Son un papelón.
Se rebelan contra la transformación educativa, que justamente pretende mejorar una realidad de inequidad consolidada por tres gobiernos sucesivos del FA, los que actuaron bajo un poder sindical que apostó a más recursos pero sin inquietarse por el fracaso de los resultados.
Ahora que tenemos un gobierno que, representando a una amplia mayoría ciudadana, resuelve tomar el toro por las astas y aplica planes que apuntan justamente a la equidad, ¡ahora lo acusan de fomentar lo contrario!
La poca gente que paró ayer ayer, seguro lo hizo por no disponer de transporte para llegar a sus lugares de trabajo, aunque también algunos podrán haber tenido miedo de ser señalados con el dedo o discriminados por quienes imponen su prepotencia patotera.
Sepan, estimados sindicalistas, que la desigualdad educativa -que vaya si existe- no proviene del capitalismo (un cuco que no será tal, desde que el ciclo frenteamplista no lo combatió en lo más mínimo). Se origina pura y exclusivamente en un sistema ineficiente echado a perder por ustedes mismos, que ha generado una deserción liceal del 60% y resultados de aprendizaje aceptables en los quintiles más altos, pero desastrosos en los más bajos. Eso es desigualdad. Y el gobierno alienta una reforma para resolver el problema con seriedad y rigor técnico, cuando perfectamente podría flotar como un corcho y dejar que todo siguiera como está, con lo que seguramente se ahorraría de recibir insultos soeces en actos públicos y ataques de termos contra los automóviles oficiales.
El consuelo es que la inmensa mayoría de docentes del país, todo esto lo sabe más que nadie. Son uruguayos que eligieron una profesión de fundamental relevancia social, conscientes de que dar clase no les brindaría prosperidad personal, pero apasionados por enseñar, despertar conciencias críticas y estimular pensamientos creativos.
No fue la única consigna que ayer paralizó al país. También se habló -insólitamente- de una reforma de la seguridad social que aún no es más que un anteproyecto. De los problemas de empleo (en contradicción con los datos de la realidad, que indican una recuperación formidable en ese plano) y del salario real y la inflación. Sobre esto último, deberían mirar con atención cómo le va del otro lado del charco a su admirada izquierda kirchnerista…
La poca o mucha gente que habrá parado ayer, seguro lo habrá hecho por no disponer de transporte para llegar a sus lugares de trabajo, aunque también algunos podrán haber tenido miedo de ser señalados con el dedo o discriminados por quienes imponen su prepotencia patotera.
Incluso Adeom ha admitido públicamente que solo hará regalos de reyes a los hijos de funcionarios municipales cuyos padres demuestren documentalmente haber adherido al paro. ¡Así luchan contra la desigualdad! Dan vergüenza.