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Todo el mundo recuerda la chispa que alumbró la primavera árabe de 2011: en Túnez, un vendedor ambulante prefirió suicidarse prendiéndose fuego antes que acatar la orden de un policía que con medidas arbitrarias no le permitía ganarse el sustento diario en una plaza de su pueblo.
¿Acaso estamos asistiendo hoy a una nueva primavera que terminará haciendo caer a distintas dictaduras en el mundo?
La chispa iraní fue el asesinato en una comisaría de una joven que había sido presa por causa de no llevar bien puesto el pañuelo que debe cubrir la cabeza de las mujeres, según los religiosos extremistas que infelizmente gobiernan esa teocracia desde 1979. De golpe, lo que podía parecer un grave exceso de los tantos que en todos estos años se han ensañado con las libertades más elementales del pueblo iraní, y que tantas muertes y torturas han generado, derivó en una movilización general que está haciendo temblar a la dictadura chiita.
¿Podrá el régimen autoritario de Jamenei reprimir sin pausa y con extrema violencia, como ocurrió en 2009 por ejemplo, a una revuelta protagonizada no solamente por la gran mayoría de los jóvenes urbanos del país, sino también por generaciones mayores que también muestran su hastío por tanta represión religiosa y tantas dificultades económicas cotidianas?
Por su lado, la chispa rusa llegó de la mano de la decisión de la cleptocracia liderada por Putin de agravar el conflicto bélico en Ucrania, al disponer la movilización militar de más de 300.000 reservistas para intentar así revertir lo que han sido semanas de fracasos rusos en tierras ucranianas. Antes que ir a pelear una guerra que sienten innecesaria e injusta, decenas de miles de rusos jóvenes han preferido partir al exterior lo antes posible, o incluso buscar cualquier tipo de excusa para evitar formar parte de las fuerzas militares de agresión en Ucrania.
¿Acaso fue esta decisión de Putin la gota que derramó el vaso de un país que sufre de un autoritarismo feroz, una corrupción endémica y un discurso oficial nacionalista y agresivo que para nada sintonizan con los anhelos de libertad y bienestar político y social de las nuevas generaciones occidentales de las que muchos rusos se sienten formar parte? ¿Puede ocurrir que un fracaso de la campaña militar rusa en Ucrania termine generando una revuelta política que aporte una promesa de aire fresco de libertades, similar al que por un momento sopló en Moscú luego de la caída de la Unión Soviética hace treinta años?
No es que la hipótesis de la caída de los regímenes autoritarios de Irán y Rusia implique inmediatamente un futuro mejor para esos países: los ejemplos de Libia o de Egipto luego de 2011 dan cuenta de terribles involuciones sociales, políticas y económicas luego de las primaveras que protagonizaron sus pueblos.
Sin embargo, es claro que los pesos específicos de Irán y de Rusia en la escena internacional son tan importantes, que los cambios que pueden llegar a generar estas primaveras de los pueblos allí son de magnitudes hoy totalmente insospechadas: desde una modificación radical del tablero geopolítico en Medio Oriente, hasta el fin del apoyo a guerrillas subversivas en Líbano, Libia o Yemen, pasando por un escenario de amenazas militares muy diferente en Europa del Este o incluso un panorama completamente distinto para la independencia de Ucrania.
Además, unas primaveras rusa e iraní exitosas podrían pasar a ser ejemplo inspirador para el sufrido pueblo cubano en su siempre latente resistencia contra la sangrienta dictadura comunista de los Castro, e incluso, por efecto dominó, podrían atacar las bases del sustento represor de la infame dictadura de Maduro en Venezuela.
Más lejos, es evidente que el régimen cada vez más autoritario de Erdogan en Turquía debería poner sus barbas a remojar, al igual que la dictadura china o la bielorrusa sin el apoyo solidario y feroz de Moscú.
Infelizmente la batalla no está ganada. Los antecedentes de represión en Irán y en Rusia no dejan ser optimistas, ya que sus autoridades en el pasado han sido capaces de reprimir a sangre y fuego cualquier revuelta que reclamara por libertad y bienestar, aduciendo conspiraciones internacionales y enemigos internos con el cinismo propio de las peores dictaduras.
Si este 2022 termina con una Ucrania vencedora frente a la agresión rusa, con un aire de mayor libertad en Moscú y con la caída de la teocracia iraní, definitivamente habrá sido un año lleno de sacrificios, pero marcado por la mejor historia de la Libertad en el mundo.