Obra pública

Cuando arrecia la incertidumbre, caen los pedidos, aumentan los incobrables, se encarece o dificulta el obtener crédito, los competidores bajan los precios pero las ventas siguen cayendo. No es lógico exigir del empresario que invierta en planes de expansión, se quede quieto, o que no mande al seguro de paro a trabajadores que ahora le sobran, por más que eso le duela. Su misión es salvar la empresa, proteger a los accionistas, a los acreedores y a los más valiosos obreros y empleados, así cuando pase la emergencia, podrá impulsar de nuevo el crecimiento, desarrollar los productos que habían sido cajoneados, ganar mercado, revertir las pérdidas y volver a obtener beneficios. Pero mientras tanto, hasta que no se vean signos de reactivación, ese empresario, cortará costos donde pueda, para salvar el negocio.

Le Monde en un reciente reportaje al economista jefe del FMI, transcribe su sombría advertencia: "la actual recesión puede transformarse en una gran depresión si no se adoptan drásticas medidas." Por fortuna y contrariamente a lo que sucedió en la época de los 30, aunque bastante maltrecho, el sistema financiero mundial se ha ido salvando, gracias a la oportuna y efectiva iniciativa del Banco de Inglaterra, seguida por la Reserva Federal, apoyados políticamente por Gordon Brown y el saliente Presidente Bush, luego imitada por los principales países del mundo.

Desde entonces sin embargo, parecería que se pone demasiado énfasis en programas monetarios y fiscales, los que en varias ocasiones han demostrado ser insuficientes para revertir situaciones de desaceleración económica y menos aún, una situación crítica como la actual. Los bancos centrales no pueden hacer más y corresponde a los gobiernos de las distintas naciones, proponer planes de inversión y a los legislativos, proveer los fondos, para lanzar urgentemente la obra pública y evitar así, el espiral descendente de la depresión económica. Ya dijimos que los planes actuales de los EE.UU para impulsar el gasto vía el consumo, como los del Japón en los 90, no serán eficaces. El único camino es la inversión en obra pública. Es en este momento que el Estado debe en forma urgente, proponer e impulsar vía licitaciones, el lanzamiento de emprendimientos como por ejemplo la renovación del sistema de transporte público, entre ciudades cercanas y dentro de ellas mismas, trenes subterráneos, nuevas obras hidroeléctricas, parques eólicos, puentes y arreglos de los ya existentes, centros hospitalarios, parques de esparcimiento, prisiones, mejoramiento de cloacas y suministro de agua potable, plantas de desalinización para la costa Oeste, de energía atómica de última generación.

En carpeta, acumulando polvo, debe haber una gran cantidad de proyectos, muchos de ellos valiosos, otros no tanto, esperando que se les adjudiquen los fondos o que se les den los permisos necesarios para comenzar su construcción.

Durante el año 1933 el Presidente Franklin D. Roosevelt firmó la creación de la Tennessee Valley Authority. Su propósito, además de dar trabajo a los fabricantes de turbinas, productores de cables de alta tensión, torres de transmisión, cementeras y siderurgias, era aprovechar el caudal y la potencia del río Tennessee, importante afluente del Ohio. Evitar sus frecuentes desbordes y generar electricidad barata a lo largo de su cauce y se construyeron varias represas generadoras y obras complementarias. La depresión había comenzado en el año 1929, durante la presidencia de Herbert Hoover. Se perdieron 4 años antes de que se lanzara el mega proyecto. En el año 1931, todavía durante la presidencia de Hoover, comenzó la construcción de la enorme presa que hoy lleva su nombre, sobre el río Colorado, de 223 metros de altura, que permite la irrigación de 800.000 hectáreas de tierra. Su potencia instalada es de 1.320.000 KW. Se terminó de construir en el año 1936. Hoy día, las criticas a Roosevelt sobre el manejo de la crisis económica, no fueron por estas y otras obras que empezó, o concluyó su Administración, sino porque se demoró en impulsarlas. Donde flaqueó su manejo, fue en no evitar la quiebra masiva de miles de bancos, en no defender el libre comercio y el haber impulsado controles de precio que estorbaron el desenvolvimiento posterior de la economía de su país durante muchos años, impidiendo que los precios se ajustaran normalmente y que los agentes económicos pudieran actuar con más certeza y eficiencia. La historia enseña.

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