No tienen idea

La realidad le está pasando por arriba a Gonzalo Civila. Durante años, desde la oposición, insistió en una mirada donde la pobreza debía abordarse exclusivamente desde la comunidad, la empatía y el rechazo a cualquier atisbo de coerción estatal. Hoy ya no habla como comentarista. Le toca gestionar. Y la realidad, como suele ocurrir, no está siendo indulgente.

La reciente reunión convocada por el presidente Yamandú Orsi, junto al Ministerio del Interior y ASSE, es la evidencia más clara de que la situación está fuera de control. El problema dejó de ser una discusión conceptual para transformarse en una urgencia política, sanitaria y de orden público.

El presidente Orsi decidió hacer un hecho político de esta reunión, demostrar su preocupación y “respaldar a Civila”, en un respaldo que se parece demasiado al que hace el presidente de un equipo al DT el fin de semana antes de echarlo. Pero lo más llamativo no es la gravedad del diagnóstico, sino la pobreza de las respuestas.Porque, otra vez, no hubo un solo anuncio concreto novedoso. Ninguna señal de cambio real. Sólo la reiteración de una palabra que empieza a vaciarse de sentido: “interinstitucionalidad”.

Como si nombrar la coordinación resolviera algo. Como si la acumulación de actores sustituyera la falta de decisiones.

Mientras tanto, la calle habla por sí sola. Más personas durmiendo a la intemperie, adictos consumen sin pudor a plena luz del día, basura por todos lados y problemas de convivencia con los vecinos que ya llegan casi a cada barrio de Montevideo. El Estado llega tarde, mal o directamente no llega.

La contradicción es evidente. El mismo Civila que durante años denunció la “criminalización de la pobreza” y cuestionó el rol del Ministerio del Interior en estas situaciones, hoy acepta -sin decirlo demasiado fuerte- que la participación de la policía es imprescindible. La realidad le impone lo que la ideología le negaba.

Porque nadie serio sostiene que la pobreza sea un delito. Claramente el MIDES y ASSE tienen que actuar antes que nadie para contener la terrible situación de tantos compatriotas. Pero también es obvio para cualquiera sin una venda en los ojos, que si no se pone algún límite a la violación de tantas normas en el uso del espacio publico el deterioro seguirá, quien pueda ser recluirá para no ver la situación y el resto tendremos una convivencia cada vez peor.

El problema de fondo es el romanticismo. Esa idea de que alcanza con acompañar, con “estar”, con generar comunidad. Esa mirada puede ser valiosa como punto de partida, pero es completamente insuficiente como política pública.

Gobernar implica también poner límites. Definir reglas. Y hacerlas cumplir.

La solución al problema de la calle exige, sin dudas, un enfoque integral. Requiere recursos, equipos técnicos, dispositivos adecuados. Pero también requiere un viraje claro: establecer límites concretos al uso del espacio público y hacerlos respetar. No como castigo, sino como condición básica de convivencia.

Y requiere, además, algo todavía más elemental: reconocer la naturaleza de muchos de los casos. A las personas con enfermedades psiquiátricas o con adicciones severas no se las ayuda dejándolas en la calle en nombre de su “derecho”. Sus derechos se les respetan cuando se las trata y ayuda como lo que son. Interviniendo. Incluso cuando eso implique decisiones difíciles como la internación compulsiva.

Nada de esto es ideológicamente cómodo. Pero gobernar no es estar cómodo. Es hacerse cargo.

Civila enfrenta hoy el choque entre sus ideas y la realidad. Celebremos todos que el gobierno unánimemente está pasando del “derecho a vivir en la calle” de Fabiana Goyeneche al reclamo del Presidente por medidas concretas. De poner el centro en “no criminalizar” a poner el centro en lo insoportable que será la convivencia para todos si no se hace nada. La pena es que luego de tantos bombos y platillos no tengamos nada nuevo en la mira.

Hoy todos los organismos involucrados están en manos del Frente Amplio: MIDES, Interior, ASSE e Intendencia de Montevideo. En el quinquenio anterior la Intendencia se negó a colaborar con la solución tirándole toda la culpa al gobierno nacional. Esa cómoda y mezquina alternativa ya no está disponible. Cuando terminé este período el Frente Amplio va a haber gobernado 20 de los últimos 25 años, con períodos de bonanza económica en que esto estalló.

Ni una sola excusa será de recibo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar