No bogues tanto, por favor

Palo porque bogas y, si no bogas, palo”, se quejó ayer la vicepresidenta Carolina Cosse, por las críticas que recibió su iniciativa denominada “Proyecto urbano Centenario del Palacio Legislativo”.

Bogar es muy beneficioso, claro. Se agradece el meritorio esfuerzo físico. El problema está cuando los remos cuestan 30 millones de dólares que paga el contribuyente.

Para la vicepresidenta, el nuevo proyecto tiene como finalidades “que nos enorgullezca, que construya el capítulo que también hace cien años que está pendiente, que es la devolución del Palacio Legislativo a su entorno” (sic).

Como al decir del Cuarteto de Nos “nada es gratis en la vida”, la ingeniera Cosse nos informa que “proponemos hacerlo ahorrando 30 millones de dólares, que son los que fueron votados en el período anterior y que en este período resignamos, retornándolos al Poder Ejecutivo, para que el Poder Ejecutivo los destinara a las obras o programas que creyera conveniente”. Curiosa contradictio in terminis: si va a usar esos recursos para su proyecto, seguro que no los retornará a Rentas Generales para que el Poder Ejecutivo les dé otro destino.

Enseguida la vicepresidenta menciona la soga en casa del ahorcado: “proponemos hacerlo con el menor costo posible y para eso vamos a hacerlo con procesos competitivos”. Bolsillos temblad: con esa aclaración ella misma invoca el recuerdo de los 120 millones que costó el Antel Arena (inicialmente presupuestado en un tercio de ese monto), con su tendal de compras directas y secretismo. Pero promete que esto será diferente porque “proponemos hacerlo de manera participativa. Escuchando, recibiendo las críticas, recibiendo los aportes y respondiendo.

Que parte del equipo de la comisión administrativa salga a recorrer el barrio, a escuchar a la academia, a escuchar a las madres, a los niños, a las maestras”. Otra vez y como siempre, la infaltable “dialogosocialitis” que aqueja a nuestro gobierno: todo se resuelve preguntando a la gente qué le gustaría. ¿Cuánto sale? Después vemos.

“En este primer borrador, nosotros estamos buscando que la propuesta, enmarcada en los cien años del Palacio Legislativo, contribuya a tener más seguridad, mayores espacios públicos, más y mejor turismo, mejor entorno para los centros educativos, más espacios para la convivencia y un mejor parlamento. Donde hoy hay hormigón y pavimento, proponemos ampliar los espacios públicos, con más árboles, con más zonas de entretenimiento, de disfrute de visitantes y de ciudadanía. Sabemos por nuestra propia experiencia que cuando avanza el espacio público, cuando avanzan las zonas peatonales, la ciudad cambia y los entornos florecen”, agrega la vicepresidenta.

El entorno del Palacio ya es de una singular belleza. Cabe preguntarse si alguien estará pensando en arruinar la visual de los imponentes grupos escultóricos creados por el artista italiano Giannino Castiglioni, colocando pisos de goma de colores chirriantes y juegos infantiles pintarrajeados, como hizo la Intendencia hace años en la hermosa y sufrida Plaza Zabala.

Innovar es positivo, pero tratar de mejorar algo que ya está muy bien, puede ser contraproducente. Toda la iniciativa arranca viciada de contradicciones.

Desde el Ministerio de Economía nos alertan un día sí y otro también que el contexto es complejo. Una jerarca del Mides dijo hace apenas un mes que con el margen fiscal existente “es difícil que se mueva la aguja para reducir la pobreza infantil”, pero ahora resulta que se pueden destinar unas decenas de millones de dólares excedentarios del presupuesto del Palacio en otra obra decorativa, tal vez tan dudosa como la nefasta bicisenda de 18 de Julio a la que, por otra parte, ya le queda poca vida.

Consultado por la prensa el presidente Yamandú Orsi, expresó textualmente: “nunca pensé que generara tanta crítica, a mí me gustó la idea. Yo ahora le pedí a Carolina que me mandara más material, me gustó, digo, pero es, a ver, a mí me entra, yo creo que entro en plan de exintendente y son esas cosas que me seducen, pero me llamó la atención, no, no, me sorprendió realmente que genere tanta reacción. Voy a ver dónde está el problema o cuáles pueden ser los problemas, pero es bueno que pensemos en cambiar un poco la realidad física de ese lugar que es tan difícil acceder. Yo creo que está bueno porque generás un vínculo más humano con la llegada. Pero vamos a analizarlo, yo estoy para ayudar, para dar una mano ahí”.

Sin palabras.

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