Una de las críticas que recibió en este carnaval montevideano el MPP, sector del presidente Orsi y muy mayoritario dentro del Frente Amplio (FA), fue su exceso de pragmatismo y su poco apego ideológico a las banderas izquierdistas de siempre. Con tal de ganar, de ser mayoría y de ejercer el poder, parecería ser que el MPP es capaz de decir y hacer cualquier cosa.
Alguien podría responder: chocolate por la noticia. Fue el propio Mujica quien en su momento afirmó que se abrazaría con sapos y culebras de ser necesario para alcanzar el poder. Pero la polémica mirando al pasado importa mucho menos que la reafirmación del perfil del MPP mirando a futuro. En efecto, en estos días uno de sus dirigentes más importantes, secretario del presidente y que suena como posible sucesor de Orsi, declaró con total naturalidad algo que es considerado pecado capital en el comité de base: planteó abrir las empresas públicas a la inversión de los ahorristas uruguayos, es decir, hacer que ellas coticen en bolsa y de esa forma se capitalicen a la vez que mejoren su gestión y avancen en su modernización.
Para quienes batallaron contra la ley de empresas públicas a inicios de los años 1990, para quienes siguen creyendo que los inversores extranjeros son piratas, y para todos aquellos que quieren una economía en la que el Estado sea el protagonista excluyente, la propuesta de Sánchez es sacrílega. Sin embargo, para todos aquellos que entiendan de qué va el mundo de la economía de mercado y las imperiosas necesidades que tiene el Uruguay de mejorar su productividad, de ser más exigente con su calidad de gestión empresarial, y de terminar con todos los curros habidos y por haber tan extendidos por doquier en el sector público, es sabido que una idea como la de Sánchez es un buen instrumento para avanzar, así sea de a poco, en esos objetivos.
Son numerosas las empresas con participación pública que cotizan en bolsa en el mundo entero. En nuestra región, baste tener presente, por ejemplo, las vinculadas a la explotación de hidrocarburos, como YPF en Argentina o Petrobras en Brasil, para darse cuenta de que nadie razonablemente estima que el papel estatal quede relegado en el mundo productivo por abrirse al mercado de capitales privados. Si, por ejemplo, Ancap y UTE oficiaran una restructuración empresarial acorde a los nuevos tiempos y se fusionaran en un único ente estatal, a la vez que además propiciaran los cambios de gestión y transparencia económica que hoy exigen una apertura hacia capitales privados y una cotización en bolsa de sus acciones, definitivamente estaríamos ante uno de los cambios más importantes de la economía nacional en años.
El planteo de Sánchez no es disparatado. Sin embargo, se encuadra en esa crítica feroz de los voceros del comité de base que son, quién lo duda, los que más defienden el statu quo reaccionario de un país envejecido y que teme todo cambio que lo sitúe en la senda del progreso y la modernización. Además, es un planteo que obviamente está llamado a pisar muchos callos: desde los de los sectores más izquierdistas sesentistas internos del FA, esos que creen que la Cuba de los Castro ha sido un modelo económico agredido por el imperialismo, hasta los del sindicalismo uruguayo que tiene en los entes del Estado a una nomenclatura importante dentro de su esquema global, con vacas atadas que de ninguna manera están dispuestas a ser libres y pasearse por las praderas reformistas del MPP.
La iniciativa de Sánchez también deja sobre la mesa una encrucijada para los partidos de la Coalición Republicana (CR) opositora al gobierno. Primero, porque deja en claro que con un poco de coraje político se pueden plantear seriamente los cambios que el país precisa: la esperanza para ganar adhesiones y ser mayoría no pasa por el coaching y la especulación discursiva, o por el corrimiento al centro con guiñadas a la izquierda. Y segundo, porque se trata de un tema que naturalmente forma parte de la plataforma de propuestas posibles y esperables originadas, precisamente, en las filas de los partidos que conforman esa CR, o por lo menos en algunos de sus sectores más liberales y abiertos a las reformas económicas en el Estado.
Quedan dudas por responder. ¿Esta idea de Sánchez es una distracción típica de las tácticas tupamaras? ¿Es apoyada por Oddone que sabe que el camino de crecimiento del país pasa por esta senda reformista? ¿Qué hará con ella la CR? ¿Ayudará a concretarla o creerá que está ante una murga sin convicciones y la escuchará como quien oye llover?