Mujer quemada

LA prensa occidental se ocupó esta semana del Día Internacional Contra la Violencia hacia la Mujer y en coincidencia con esta fecha, tuvo amplia difusión el libro autobiográfico de una musulmana oriunda de Cisjordania, de nombre Souad. Cuenta en sus páginas, como a los 17 años fue rociada con nafta y prendida fuego por su cuñado, por haber mancillado el honor de su familia. El terrible delito era haber quedado embarazada. Siendo la tercera de tres hermanas, para poder casarse debía esperar que lo hiciera antes su mayor. Convertida en una tea humana, logró con todo escapar y llegó al hospital, donde estuvo tres meses sin más atención que la brindada por una enfermera que le iba arrancando las tiras de piel.

Había un médico que se preocupó por ella pero no la podía tocar sin permiso de sus padres.

A resultas de las llamas, tenía el mentón y los brazos pegados al pecho. Su madre fue un día al hospital llevando el veneno que debería beber para desaparecer de la faz de la tierra, de una vez por todas. No le guarda sin embargo rencor, pues sabe que allí las mujeres deben hacer lo que se les ordena. De acuerdo con su relato, su madre tuvo que matar a siete de sus hijas, porque en una familia no deben haber más de tres o cuatro mujeres.

Souad pudo por fin salvar su vida de milagro, gracias a la intervención de Jacqueline Thibault, de la Fundación Suiza Surgir, quien después de superar montones de trabas, consiguió sacarla del país, junto con su hijo. Ya en Lausanne, le hicieron 27 operaciones y numerosos injertos a esta joven que era carne viva y pesaba 34 kilos. Con el tiempo rehizo su vida y hoy es madre de dos hijas.

AHORA se ha animado a correr los riesgos que implica salir a la luz, para revelar las atrocidades que se cometen en ciertos lugares contra las mujeres, completamente aceptadas en ciertas sociedades, lo mismo que las aberrantes mutilaciones, más por creencias sociales que religiosas, como ella misma lo explica. Hechos como los descriptos, generan una revulsión profunda y es muy difícil asumir que en esta era y en nuestro mundo, cuando el hombre ha progresado tanto, en civilización y adelantos tecnológicos de todo tipo, prácticas tan brutales no hayan quedado enterradas en el lejano pasado.

Por desgracia no es así y aunque en nuestro medio no se dan estas crueles costumbres, el informe presentado en el marco de esta celebración, junto con el Primer Plan Nacional de Lucha contra la Violencia Doméstica, es revelador de una grave realidad local. Implica que en nuestra escasa población, todas las semanas una persona muere a causa de violencia familiar. Una constatación tremenda, que lleva a pensar cuantos serán los castigos y los dolores, que sin llegar a formar parte de esta estadística, padecen entre cuatro paredes los más débiles, los indefensos, a manos de los perversos, los sádicos, los violentos.

La investigación ha servido para detectar diversas características de este fenómeno, que pueden ser de utilidad para acciones futuras. Se ha observado que los hombres son victimarios en una mayoría, aunque se han detectado algunas mujeres, 44 de un lado y 8 de otro. Cuarenta y seis de ellos adultos y dos, menores. El 47% de las víctimas tenía una relación de pareja con el victimario y también se detectó un incremento entre los niños victimizados.

Para hacer frente a estas horrendas situaciones, ha sido beneficioso el aporte de la ley 17.514 para la Prevención, Detención Temprana, Atención y Erradicación de la Violencia Doméstica, proyecto impulsado por nuestras legisladoras y que fuera aprobado el año pasado. Según la Directora Nacional de Prevención Social del Delito, la inspectora Graciela López, la aplicación de la norma ya ha dado resultados positivos en diversos sentidos.

La posibilidad de que terceros puedan denunciar, es una diferencia cualitativa y dentro del futuro Plan de acción que se apoya en cuatro vértices, se apunta a reforzar el área judicial, la promoción de campañas educativas, la capacitación permanente de recursos humanos y la incorporación de especialistas, pues todavía hay grandes carencias para saber cómo actuar contra este flagelo social de vertientes sicológicas, educativas, económicas. Sólo una eficaz y mancomunada labor a nivel del Estado y de las numerosas O.N.G., podrá obtener resultados respecto de este complejo problema de múltiples aristas, que ensombrece a la sociedad uruguaya, aun cuando no sea algo privativo de este país.

El NO y el SI

El referéndum es el 7 de diciembre. Quienes desean que la Ley de Ancap se mantenga, deberán votar la papeleta celeste del NO. Quienes abogan por derogar la ley, votarán la papeleta rosada del SI. Para que la ley sea derogada será necesario que la papeleta rosada recoja la mitad más uno, de los votos válidos. Lo que para los que han decidido qué votar el tema está claro, no es así para un núcleo ciudadano que parece tener dudas y ante ello podría votar en blanco. Aunque no es buena solución, es sí un derecho inalienable del votante. Recientemente, voceros del Frente Amplio, han salido a decirles que el voto en blanco favorece al NO. Un nuevo factor de confusión como tantos que han presentado el Frente Amplio y sus asociados en este referéndum. Votar en blanco, es votar en blanco. Ni por el SI ni por el NO. No es aceptable que se les endilgue a estos ciudadanos una preferencia cuando es claro que si votan en blanco no la tienen. Lo que sí hay que decir es que el Frente Amplio y sus asociados, luego de haber fallado el principal argumento cual fue el de recoger firmas para evitar que "Ancap se vendiera", aclarado después de varios meses por el propio Dr. Vázquez que "Ancap no se vendía", ahora procuran que la gente acompañe para un "voto castigo" que nada tiene que ver con este referéndum. Y en ese empeño, sea cual sea el resultado, van a sumar los votos en blanco a los votos por el SI, de manera de presentar una gran "votación" contra el gobierno. Las cosas claras y el chocolate oscuro. Y que cada cual vote como mejor crea será en beneficio del país.

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