Mismas críticas, distintas salidas

Hay una situación que no solo se repite día tras día, sino que va creciendo en su firmeza y fastidio. Se trata de la constante crítica que recibe el gobierno en general, y algún ministro en particular, desde adentro mismo del Frente Amplio.

Sería lógico pensar que la oposición es el principal crítico a la gestión del gobierno, y de hecho lo es. Lo inesperado es ver que ahora son las críticas internas las que crecen. En muchos sentidos, se parecen a las de la oposición pese a lo cual, cuando ésta interpela a un ministro, la bancada oficialista se abroquela detrás de ese ministro y lo defiende pese a que en crecientes ocasiones coincide con las críticas opositoras.

La animosidad llegó a tal punto que el secretario de la Presidencia, Alejandro “Pacha” Sánchez, debió salir en defensa del ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila, no ante los embates de la oposición sino los de los propios frentistas. La lentitud para enfrentar el drama de la gente que duerme en la calle genera preocupación y alarma en la población, toda ella, más allá de adhesiones partidarias. Ese malestar lo captan también los dirigentes de los distintos sectores frentistas y se sienten obligados a expresarlo.

El malestar frentista responde a la sensación de inoperancia que trasmite el gobierno. Lo que la oposición viene señalando desde hace un tiempo, empieza a verse también en filas oficialistas y esto no ha hecho más que tensar la interna del Frente Amplio, y en especial la pugna entre el Partido Comunista y el MPP.

Si los frentistas críticos fueran plenamente honestos, deberían reconocer que el gobierno no ha incumplido con nada. Basta recordar lo que fue la campaña electoral pasada. El Frente y en particular sus candidatos, no prometieron ni anunciaron nada, ni siquiera ilusionaron. Más bien adoptaron una solapada retórica que insinuaba que no había muchos cambios que hacer, que realmente no habría gran diferencia, si ganaba uno u otro.

Por lo tanto, no debería sorprender que ganadas las elecciones y asumido el gobierno, no hubiera nada planificado. Lo único que hizo fue desarmar algunos de los más celebrados logros del gobierno anterior: desarmar sin poner nada en su lugar.

Basta ver el caso del Ministerio del Interior: le tomó un año elaborar un programa de combate a la delincuencia y cuando lo presentó, ni siquiera era un programa muy completo, menos aún audaz.

Que la oposición y ciertos sectores del oficialismo coincidan en señalar esa “nada” en que se ha convertido la gestión del presidente Yamandú Orsi, no quiere decir que estén de acuerdo en los asuntos que importan. No lo están y la oposición debe ser muy cuidadosa en esto.

No puede celebrar que hasta en el oficialismo haya quienes también cuestionan a Orsi. Lo hacen porque están descontentos que esa gestión prefiera ir por un camino anodino antes que optar por ser un gobierno de izquierda radical. Eso explica la disconformidad del Partido Comunista, que nunca dejó de ser fiel a su rígida ortodoxia ideológica. Como el MPP se ha convertido en una gran corriente que recoge desde moderados a extremistas nostálgicos de la guerrilla, eso explica porque en ese sector hay críticos y también defensores de Orsi.

Podría ocurrir que al ver que a los cuestionamientos de los partidos de la Coalición ahora se suman los de algunos grupos propios, el gobierno revise su marcha, entienda que hay un descontento que debe ser revertido y opte por tomar el camino más extremo, favorable a quienes reclaman un giro hacia una izquierda más dura. No es eso lo que pretenden los partidos de la Coalición y no es para eso que cuestionan a Orsi.

Esto pone a todos los protagonistas políticos en una disyuntiva complicada. Todos coinciden en exigirle al gobierno más acción, pero llegado el momento y si Orsi efectivamente responde a esa demanda, depende de que dirección tome, unos u otros no quedarán contentos y las cosas pueden ponerse aún peor.

Por eso la Coalición debe manejarse con cuidado y con buen oficio político. No puede dejar que su imagen sea solo la de un conglomerado que todo lo critica (si bien tampoco puede dejar esa función, inherente a su condición de ser oposición), debe además empezar a mostrar qué alternativas anteponen a lo que se cuestiona, para que quede claro que no son las mismas que alientan los comunistas y los radicales en el Frente cuando presionan al gobierno para que salga de su aletargamiento y haga el giro por ellos reclamado que, por cierto, no son mayoría en el país.

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