Medidas confusas y contradictorias

Si atendemos a las medidas ya tomadas por el equipo económico de Astori y las que se proyectan por ley, éstas una especie de "collage" con intervención también del equipo de asesoramiento presidencial en lo referente a la baja del IVA, vamos a encontrar entre ellos falta de coherencia y de coordinación en cuanto al logro de un objetivo que nos han cansado de proponer como de primera importancia, como es la disminución del consumo.

El 29 de diciembre, cuando a instancias del Comité de Política Monetaria (Copom) el Banco Central aumentó la tasa de interés de referencia (TPM) sensiblemente, de un 8 a un 8,75%, quien haya leído el día antes un medio de prensa en donde opinaran especialistas se habrá sorprendido, porque todos, a sabiendas que el Copom consideraría el tema ese día, coincidieron en que la tasa iba a mantenerse. Erraron como a las peras. El Banco Central se justifica en la necesidad de dar una señal clara de su compromiso en bajar la inflación, totalmente disparada de la meta prevista (6% anual y que cerró en un 8.6%). Se considera que la inflación es la variable más relevante en materia económica. Por esta vía entonces se dice buscar una disminución del consumo, aumentando las colocaciones en pesos uruguayos y operando consecuentemente una disminución del valor del dólar que favorezca la importación en medio de un proceso de elevadas tasas de crecimiento de la economía y un alto grado de utilización de los recursos productivos, para que sean las exportaciones, la inversión y el consumo privado los motores que dinamicen el cambio que se pretende.

El completo informe de Fabián Tiscornia (El País, 30 de diciembre) ya deja entrever que las cosas no serán tan fáciles por lo menos en lo inmediato, porque la baja del tipo de cambio no actúa inmediatamente sobre los procesos domésticos. Y se cita al socio de Deloitte, Pablo Roselli, quien dijo esperar una política monetaria más dura con un escenario externo más negativo, porque la suba de la TPM es procíclica y la economía a nivel mundial se desacelera, incluso en Brasil, que ante un panorama similar la tasa se redujo y no subió. Lo que bien leído podrá interpretarse como que procedimos tarde y a contramano.

Agréguese a ello el factor competitividad que puede deteriorar nuestras exportaciones. Y el mensaje que estamos dando es que ni eso importa a la hora de combatir el riesgo inflacionario. De todas maneras, la verdad tiene cara de hereje, porque como señala la fuente, para pensar en una reducción sostenida de la inflación, es imprescindible no aumentar los salarios, y ahí habrá que ver quien le pone el pecho a las balas. Aquí está el foco de las peores desavenencias frenteamplistas. El Ministro Eduardo Brenta augura que de no superarse, la izquierda puede perder las elecciones.

Pero el toque de desconcierto lo marcó el sabor de la desconexión absoluta porque el día antes, 29 de diciembre, el Directorio del BROU, un instrumento de gobierno dirigido también por el equipo de Astori, bajó sensiblemente la tasa de su crédito social a partir del 10 de enero, dejándola en un 30%. Esta es un medida claramente estimulante al consumo de los beneficiarios de esa importante asistencia del Banco, que son miles, y se da de narices con lo resuelto por el BCU.

Pasa lo mismo con la "bancarización" que impone como condición para acceder al crédito tener una tarjeta de débito o de crédito, instrumento alentador del consumo por excelencia, que debe dársele por el emisor a quien lo pida. El plástico en manos inexpertas, es como una navaja a un mono.

Sabrán los tarjeta habientes a lo que se exponen en cuanto a la presión constante del acreedor, llamados por teléfono insolentes a su domicilio, agravios y amenazas de toda índole por el siempre atraso de días en una cuota.

Agreguemos también el estímulo al crédito que significará, no una rebaja intrascendente y generalizada a un 2% de IVA que se extiende a todos y que, en realidad, no le cambia la vida a nadie; pero sí la rebaja de todo el IVA a los beneficiarios del Mides que son decenas de miles, que recibirán el estímulo que significa fomentarles el ocio, para no correr el riesgo de perder la dádiva.

Es imposible contextualizar en un marco de armonía este conjunto de medidas como procurando el mismo objetivo.

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