Desde hace años es altamente preocupante el índice de suicidios en el país.
Hasta 2025 (última información disponible), Uruguay lideraba el ranking latinoamericano de autoeliminaciones cada 100.000 habitantes, con un índice de 21,35 durante 2024, en tres franjas etarias de mayor prevalencia: adultos de 85 a 89 años (38,2), de 90 años o más (37,6) y todavía más dramático, jóvenes de entre 20 y 24 (33,2).
Durante el gobierno de la Coalición Republicana se dio impulso al programa “Ni olvido ni tabú”, que promisoriamente había logrado bajar, al menos levemente, el pico de 23,2 registrado en 2022.
Sin embargo, el actual gobierno del Frente Amplio acaba de informar que modificó ese programa y dio de baja otro -INJU Móvil- que ofrecía talleres para jóvenes, con énfasis en el interior profundo. Anteayer, el periodista de El País Carlos Tapia informó sobre el pedido de informes de los diputados nacionalistas José Luis Satdjian y Pilar Simon, respondido por el gobierno con el reconocimiento de que dicho programa fue desactivado. Las razones son por demás sorprendentes: desde 2025, “el instituto dejó de contar con el ve- hículo y el chofer” para trasladar a los talleristas, lo que hasta el gobierno anterior se había logrado por un convenio con el Parlamento.
Parece chiste pero la razón que dieron fue esa. Agrega Tapia en su crónica: “Según el INJU, que depende del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) mantener un programa cuya esencia es la movilidad sin tener los medios para desplazarse resultaba ‘poco eficiente y poco sostenible en el tiempo’”. La diputada Simon advierte en cambio, que se trata de una mera excusa y que lo que falta es voluntad política: “el presupuesto del programa rondaba apenas los dos millones de pesos anuales”. Agregamos nosotros: esa inversión representa apenas un 0,13% por ciento de lo que gastaron en comprar la estancia María Dolores, en homenaje “al Pepe”.
Cuando hablamos de las marchas atrás de este gobierno a las buenas políticas implementadas por el anterior, solemos referirnos al envilecimiento de la regla fiscal, los sablazos al Fonasa y el IRPF, la represa de Casupá, las volteretas con Cardama y el reempoderamiento de los sindicatos de la educación. Pero acá tenemos otra especialmente grave, porque deja a la intemperie de la protección del Estado a un segmento poblacional especialmente vulnerable.
Hacen gárgaras hablando de salud mental y son incapaces de dar continuidad a una política pública que se focalizaba en jóvenes necesitados de atención psicológica y estímulo a sus capacidades. La “revolución de las cosas simples” es a esta altura, más bien, una involución, el retiro prescindente del Estado de sus responsabilidades para con quienes más lo necesitan.
En ese contexto de preocupación por el aumento tendencial de las autoeliminaciones, la Dirección Nacional de Cultura del MEC, durante la pasada administración, había incorporado también un programa denominado La cultura hace bien, que se focalizaba en aquellas comunidades de todo el país donde se registraba mayor cantidad de suicidios. Llevaba cine, teatro, música y talleres especialmente diseñados para colaborar con la salud mental e incentivar el apego a la creatividad y la integración comunitaria. Tal vez el caso más emblemático fue la representación en distintas ciudades del interior del espectáculo teatral “Cosas maravillosas” de Duncan Macmillan, un unipersonal dirigido por Eduardo Cervieri que reivindicaba los pequeños disfrutes que dan sentido a la vida, más allá de las adversidades. También hubo integración de coros, talleres de improvisación de jazz y de artes visuales y proyección de películas motivadoras.
Solo en 2021 (un año problemático por la pandemia), el programa llegó a distintas ciudades de Rocha, Treinta y Tres y San José. Sería interesante que algún legislador hiciera un pedido de informes al MEC para conocer si hubo continuidad de esta iniciativa, así como si el gobierno ha hecho algo en este tiempo con los más de 40 centros culturales nacionales inaugurados por el gobierno anterior en todo el país, que pretendieron ser sustituidos por unos “espacios MEC” de los que no hay novedades a la fecha.
Así vamos. Para el FA parece más importante cortar las políticas públicas promovidas por la Coalición, aunque con ello priven a la gente de más y mejores oportunidades, y nada se sepa de lo que proponen en sustitución.
Pero la ciudadanía se da cuenta del cambio y en 2029 actuará en consecuencia.