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Culminó el domingo un evento central en la vida del país: la Exposición Rural del Prado. Este año en particular fue una fiesta impresionante, quizás como expresión de que finalmente estamos saliendo de la cerrazón correspondiente al período de pandemia.
En esta ocasión las multitudes colmaron las tradicionales instalaciones del Prado tanto los fines de semana como de lunes a viernes. El tiempo fue un aliado perfecto. Además de lo vinculado al agro, empresas comerciales e industriales así como varias embajadas armaron sus pabellones con especial entusiasmo.
Si la Exposición del Prado es una muestra de cómo está marchando el país, lo que se vio este año deberá percibirse como una señal optimista.
Parte del éxito tiene que ver con la propia dinámica productora y exportadora de la actividad agropecuaria. Pero también tiene que ver con la actitud del actual gobierno, muy distinta a los anteriores gobiernos de signo frentista, que nunca entendieron al “campo”.
No lo entienden ni comprenden que es un motor crucial en el funcionamiento del país, su principal fuente de ingresos, y que además expresa a una mitad de la población con una fuerte y sentida identidad cultural.
En ese sentido, el gobierno del Luis Lacalle Pou lo tiene bien claro y eso se ve tanto en como orienta sus políticas como en sus gestos y actitudes. El presidente visitó en más de una ocasión la Exposición Rural de este año en su estrategia de estimular y apoyar todo aquello que produzca, que promueva el comercio, que genere riqueza y que asegure puestos de trabajo.
Sobre el desarrollo de la Exposición y en concreto sobre las palabras del presidente de la Asociación Rural, nos extendimos en el editorial del domingo pasado. Por cierto no todo se reduce a la producción agroindustrial del país, si bien es ahí donde están sus mayores exportaciones.
Un ritual como el que se celebra en el Prado todos los años, puede cobrar un multiplicado interés cuando desde el gobierno y desde la producción, todo se hace para estimular y lograr los mejores resultados.
Este gobierno se ha interesado en estimular otros rubros y explorar, con vistas al largo plazo, nuevos terrenos como el del hidrógeno verde.
El Ministerio de Industria y Energía, por ejemplo, está trabajando en rubros cuya expansión viene de antes pero que es bueno darle nuevos impulsos, como la exportación de software y el desarrollo de la industria audiovisual. Esto no solo genera nichos importantes de entrada de divisas, sino que crea espacios para que mucha gente desarrolle profesiones que hasta hace poco no tenían cabida en el país.
Por otra parte, el optimismo causado por la exitosa Exposición, deberá impulsar al gobierno a instrumentar sin dilaciones, una mayor desregularización burocrática. Eliminar normas innecesarias que requieren trámites engorrosos, duplicados en diferentes oficinas, con costos en dinero y en tiempo malgastado. Ello despejaría un exceso de burocracia y estimularía aún más la actividad económica.
Los que están en la actividad rural se quejan, y con razón, de las numerosas exigencias sin sentido que deben cumplir, que bien podrían eliminarse sin que ello tenga efecto sobre el Estado pero si ayuden al productor.
Hace poco Ceres difundió un estudio sobre el laberinto de papelerío inútil que afecta a quienes quieren invertir en Uruguay. Esto puede desestimular lo que el país tanto precisa: nuevas inversiones que generen riqueza, trabajo y calidad de vida para la mayor cantidad de gente.
También el comercio hace tiempo reclama una racionalización en exigencias y costosos trámites.
Si el gobierno lograra despejar esa maraña en poco tiempo, ello se reflejaría en mejores resultados económicos que beneficiarían al país.
Una última reflexión ligada a este clima de entusiasmo que se desprende de la Exposición Rural, tiene que ver con el comercio exterior. Este gobierno arrancó con ímpetu buscando posibilidades para hacer acuerdos de libre comercio con países que ya comercian con Uruguay o están dispuestos a hacerlo. Debe insistir en ello.
No es una tarea fácil, exige paciencia y toma tiempo. Pero es el camino indicado y aquello que el gobierno inició con tanta firmeza debe continuarse con rigor y profesionalismo, incluso sabiendo que puede afectar la sensibilidad de algunos de nuestros socios en el Mercosur.
Así son las cosas. Un ritual como el que se celebra en el Prado todos los años, puede cobrar un multiplicado interés cuando desde el gobierno y desde la producción, todo se hace para estimular y lograr los mejores resultados.
En este clima entonces, la exposición del año que viene deberá ser aún mejor.