Hay un proceso muy llamativo en marcha, por el cual los sectores de izquierda intentan de forma permanente apropiarse de la honestidad discursiva, y erigirse en los paladines de la lucha contra las “fake news”. Pasa mucho en Europa, donde vemos a dirigentes socialistas como el español Pedro Sánchez, lanzar furibundas campañas contra los “bulos” y la desinformación, a la vez que miente de forma descarada. En Uruguay también es bastante notorio, incluso con un medio que realiza una verificación de noticias, que se presta más para el humor que para otra cosa.
Pero la realidad es que es desde los propios partidos y sectores intelectuales de izquierda, desde donde se fogonea con la mentira y la desinformación de forma permanente, a la vez que se ostenta una postura de superioridad moral permanente.
Un caso bien claro es lo que viene ocurriendo desde hace años con el supuesto mega narcotraficante uruguayo Sebastián Marset. En particular con la famosa entrega de un pasaporte en el período pasado, que los dirigentes políticos y medios afines al Frente Amplio han puesto como la prueba máxima de complicidad entre el mal, y el gobierno de la coalición republicana. Eso, aunque los hechos digan lo contrario.
Por ejemplo, tras la reciente captura de Marset en Bolivia, coincidiendo casualmente con la salida de los gobiernos del MAS de Evo Morales a quienes muchos aquí veían como un paladín de la izquierda indigenista, omitiendo las denuncias por pederastia y complicidad con el narcotráfico en su contra.
Bueno, en estas horas hemos visto reflotar de manera muy coordinada en redes sociales y medios afines al frente Amplio, las acusaciones en contra del gobierno anterior por la fuga de Marset cuando estaba detenido en Dubai. Incluso dos de las principales “espadas” políticas del actual gobierno han fogoneado estas acusaciones. El senador Daniel Caggiani dijo explícitamente que “¡Pensar que el gobierno anterior de mi país le dio un pasaporte a quien la DEA llama el Pablo Escobar moderno!” Y su amigo Alejandro Sánchez, secretario de Presidencia, también insistió con el tema, diciendo que “en su momento quedaron muchas dudas sobre como se procesó su pasaporte”.
La verdad, es que esa afirmación es mentira.
La Fiscalía analizó todas las actuaciones sobre la entrega de ese pasaporte, y el dictamen del Dr. Machado no dejó lugar a dudas: el documento fue entregado en el plazo normal, y el acto fue totalmente regular, y amparado en el decreto 129 de 2014 (gobierno de José Mujica).
Es más, el fiscal Machado aclaró otra cosa obvia, que la entrega del pasaporte uruguayo no tuvo nada que ver con la liberación de Marset.
Decimos que es obvio, porque un ejemplo lo ilustra a la perfección. Usted imagínese que un ciudadano estadounidense llega a Uruguay con un pasaporte paraguayo falso. Eso es un delito, y será comunicado a Paraguay y a Estados Unidos. Pero si desde Washington le enviaran un pasaporte legal a esa persona, ello no implica ni por un segundo que no haya violado al ley.
O sea, que si Sánchez, o Caggiani tiene alguna duda sobre el tema, alcanza con leer el dictamen fiscal, y les quedará claro que el gobierno anterior no hizo nada malo.
Distinto es lo que sucede, por ejemplo, con la ex fiscal Darviña Vera, cuya actuación en el mejor de los casos culposa, permitió que Marset se liberara de una causa por homicidio. La ex fiscal ahora milita en el Frente Amplio.
A lo que vamos, es que con un mínimo de buena fe, o sentido de la honestidad intelectual, nadie puede señalar que a Marset el gobierno anterior lo ayudó de manera alguna. Apenas se le entregó un documento, cosa que es por otra parte un derecho que tiene todo ciudadano de este país.
Pero esto se inscribe dentro de una política más amplia, por la cual los dirigentes y los agentes mediáticos del Frente Amplio, se dedican de forma permanente a lanzar acusaciones contra sus rivales políticos, que no se sostienen en ningún elemento de la realidad.
Pero que tienen la intención nefasta de perjudicar la imagen y la honorabilidad de quienes tienen la audacia de enfrentarlos políticamente.
Lo que no entienden, o si lo hacen no les importa, es que esa actitud lo único que hace es ensuciar a la actividad política en general. Y por lo tanto, también a ellos mismos.
Es así que la gente no entiende, se cansa, y termina votando por opciones demagógicas, antipolítica, y que llegan con la promesa de eliminar la corruptela de los políticos. Hay que ser un poco más responsable.