Malos argumentos sobre Venezuela

La conjunción de la torpeza analítica y de la imaginación con pretensión de originalidad para justificar posicionamientos políticos en momentos claves, termina dando como resultado argumentos que son malos.

Es lo que infelizmente ha pasado con la intervención de Estados Unidos (EE.UU.) en Venezuela por parte de varios actores políticos de relevancia, tanto de la oposición como del gobierno. Se destacan en este sentido dos argumentos asombrosos que pretenden comparar lo que en realidad es incomparable y buscar así, desde un vínculo tirado de los pelos, esgrimir una legitimidad histórica que en verdad no existe.

El gobierno ha referido a la posición del Uruguay con respecto a la invasión de República Dominicana por parte de EE.UU. en 1965. A partir de una supuesta legitimación intelectual de filiación herrerista ha pretendido así avanzar en su tan cuestionable posicionamiento izquierdista sobre la caída del dictador Maduro. Pero, en realidad, lo que ha planteado es una interpretación completamente sesgada de aquella crisis de hace más de sesenta años.

En efecto, en aquella oportunidad la destacada posición uruguaya refería a un contexto completamente distinto al actual. Primero, porque hubo en aquel entonces en República Dominicana una insubordinación militar con guerra civil como consecuencia de un golpe de Estado de 1963. Y segundo, porque la injerencia cubana en una de las facciones protagonistas de ese enfrentamiento alertó a EE.UU., en un contexto de Guerra Fría, sobre el riesgo de expansión del comunismo en una zona estratégica de su propia seguridad continental como es el Caribe.

El respeto por la no-intervención internacional de tipo imperialista era por tanto algo totalmente de recibo en aquella circunstancia de hace sesenta años. Pero República Dominicana no había estado operando durante las dos décadas previas una influencia nefasta en todo el continente latinoamericano, como sí lo estuvo haciendo la Venezuela chavista en este siglo XXI. Los dominicanos de ninguna manera generaron una desestabilización demográfica, económica, social y financiera en toda la región, con un poder político que desarrolló estrechos vínculos con potencias extra-regionales enemigas de EE.UU. y de la democracia en la región, como por ejemplo lo es, sin duda alguna, Irán. Ni tampoco Dominicana se transformó en un país copado por una dirigencia narco-terrorista que usó el monopolio de la violencia pública en favor de intereses completamente ilegítimos y radicalmente autoritarios.

¿Cómo comparar entonces aquella conjugación de sabios principios de no injerencia a mediados de los años 1960, con esta posición actual del gobierno uruguayo que se sirve de ese noble principio internacional para encubrir y disimular el daño que la dictadura de Maduro ha hecho no solamente a Venezuela sino también al desarrollo, la estabilidad y la democracia en toda la región?

El otro argumento que se ha querido utilizar y que involucra a posicionamientos históricos del Partido Nacional refiere a la comparecencia de Wilson Ferreira en el Congreso de EE.UU. en 1976. Allí el líder blanco en el exilio señaló, entre otras cosas, que no pedía la interferencia de esa potencia en los asuntos de su patria, ya que solamente a los uruguayos correspondía quitarse de encima al gobierno de facto. Por tanto, se alega hoy, existe un camino distinto y posible entre la dictadura y la intervención: un país puede alejarse de una cosa y de la otra, y liderar entonces un proceso propio, como era el que proponía Ferreira.

La comparación es espantosa. Primero, porque nada tiene que ver la dictadura uruguaya en 1976 con la de Maduro en 2025: jamás Uruguay vivió ninguna dictadura a lo largo de toda su historia que hiciera sufrir tanto a su pueblo como lo ha hecho la tiranía chavista con los venezolanos. Y segundo, porque fueron varias las tentativas de rebelión que en todos estos años se intentaron en Venezuela y que terminaron todas en feroces represiones.

Se llega a esta intervención estadounidense luego de más de dos décadas de resistencias y amarguras, mientras que el escenario de Ferreira en 1976 era el de un golpe de Estado que recién cumplía tres años. ¿Cómo es posible dar a entender hoy que Venezuela debía seguir un camino propio sin injerencias externas? ¿Acaso no se vio el enorme fraude de 2024 que dejó claro que Maduro jamás entregaría pacíficamente el poder?

Lo del título: es una pena que algunos actores políticos esgriman tan malos argumentos sobre la intervención en Venezuela.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar