Cuando el Frente Amplio en campaña anunció el “Diálogo Social” sobre seguridad social, muchos advertimos que el ejercicio corría el riesgo de convertirse en una puesta en escena: un ropaje participativo para volver sobre la agenda sesentista que fue derrotada en el plebiscito de 2024. Lo conocido hasta ahora confirma los peores temores. La idea de desarmar a las AFAP tal como las conocemos y abrir una causal jubilatoria a los 60 años es una versión apenas más light de la destrucción total del sistema previsional que el PIT-CNT impulsó en 2024. El gobierno le entrega una linda victoria para “camisetear” en el próximo acto del 1° de Mayo.
A esta hora es preocupante tanto el contenido como la forma y la incertidumbre. Se propone quitar a las AFAP la administración de las cuentas individuales y dejarles solamente la gestión de portafolios. Un pusilánime camino del medio entre defender el sistema o eliminarlo como exige el PIT-CNT. De esta forma el gobierno, con su tibieza característica “transa” en lo que es para los radicales un sustantivo avance en el desmantelamiento del pilar de ahorro individual por la ventana de atrás.
Esto se da de bruces con lo ratificado por la ciudadanía en octubre de 2024. Uno se pregunta qué piensa y qué dirá el Ministro de Economía Oddone ante tal disparate.
Los argumentos técnicos en contra son contundentes y llevan años sobre la mesa. No existe evidencia de que estatizar la administración de las cuentas mejore la eficiencia ni reduzca costos para los trabajadores. Con esta propuesta se pierde la relación directa entre afiliado y administradora, con sus incentivos de competencia, información y rendición de cuentas. ¿Será el BPS el encargado de gestionar esto? Sería temerario concentrar los riesgos en la gestión pública, eliminando justamente el gran diferencial de las AFAP.
Si el verdadero objetivo era mejorar las jubilaciones futuras, el camino era exactamente el contrario. Con la brutal agudización del envejecimiento poblacional lo único que puede ayudar realmente es fortalecer la capitalización. ANAFAP estima que ampliar las posibilidades de inversión de estos fondos puede aumentar “la jubilación por AFAP” hasta un 15%. Pero en la cabecita del Partido Comunista el foco está en la ganancia de las empresas, dónde puede haber espacio para alguna mejora pero que nunca superarán el 2%, casi 8 veces menos importante. No es simple encontrar un ejemplo más claro de política pública guiada por la ideología en lugar de la evidencia.
Todo esto sin entrar en el ataque a la seguridad jurídica que estas malas ideas implican. Este tipo de modificaciones abrirán infinitas interrogantes sobre derechos adquiridos de 1,5 millones de trabajadores con cuentas a su nombre. Todos, de todos los partidos, se llenan la boca hablando de nuestra reputación de país previsible. Si creen que pueden toquetear alegremente todo esto sin ninguna consecuencia, francamente no entienden nada.
La reputación es un activo económico concreto que permite que haya inversión de largo plazo, deuda a tasas bajas y AFAP que financian infraestructura y empresas locales. Tocar ese equilibrio por razones políticas tiene costos que hoy no podemos calcular pero no duen estarán allí.
Sobre la edad de retiro debemos esperar los detalles para opinar sobre la propuesta. Pero todo indica que se trata de un saludo a la bandera bien barato. Orsi, Sanchez, Oddone, Arim, Bai y cualquiera con dos dedos de frente sabe que volver a los 60 años como edad de retiro es inviable salvo que se pretenda tener jubilaciones de hambre. Aparentemente la brillante forma en que el “diálogo social” no incumplirá con la demagogia de haber exigido eso será habilitar una “causal anticipada” a los 60 con menor tasa de reemplazo. En criollo, te vas a poder jubilar a los 60 pero la jubilación será ridículamente baja para intentar que nadie lo haga.
Así el Frente Amplio puede decirle a su base que cumplió y el MEF puede decirle a los mercados que la buena reforma del gobierno anterior no se tocó.
El Diálogo Social prometía acuerdos amplios y duraderos sobre la protección. Para sorpresa de nadie que siga la realidad con atención lo que entrega son propuestas hiper ideologizadas divorciadas de la evidencia. No hay ninguna idea para el trabajo del futuro, solo toqueteo de parámetros para que Fernando Pereira siga camiseteando para su base. El ataque a las AFAP es muy grave porque va contra la propia marca país Uruguay. La esperanza que queda es que el parlamento no dé lugar a tanta baratija.