En la reunión entre los Ministros de Relaciones Exteriores de Brasil, Antonio Patriota, y de nuestro país, Luis Almagro, el 5 de octubre, en Río de Janeiro, se cristalizó un nuevo rumbo en la diplomacia uruguaya dentro del Mercosur. Ante la crisis del bloque, debida principalmente a la política de comercio exterior administrado y de proteccionismo de uno de sus principales socios, la República Argentina, el gobierno uruguayo ha optado por negociar lo que se ha denominado "un mercado ampliado" de bienes y servicios con su otro principal socio y contraparte económica: el Brasil.
En mayo de 2010 se reunieron en Montevideo el presidente Mujica, que comenzaba su período de gobierno, y el presidente brasileño Lula da Silva, a quien todavía quedaban ocho meses de mandato presidencial. Mujica declaró "este pequeño país tiene decisión política de viajar en el estribo de Brasil". Lula recordó que cuando la visita del presidente uruguayo a Brasilia, en marzo de aquel año, se había acordado crear una comisión bilateral para las políticas de integración.
En enero de este año, durante una reunión con empresarios uruguayos en la residencia de Anchorena, el presidente Mujica retomó aquella idea, aunque en este caso consiguió hilar dos metáforas en la misma cláusula. Dijo: "Uruguay tiene que subirse al estribo del Brasil, porque será una superpotencia que corta el bacalao grueso en el mundo". También opinó que, con la presidenta Dilma Rousseff, estaba asegurado el comercio fluido y sin trabas. Aparentemente, el idilio Cristina-Pepe se ha enfriado y está siendo reemplazado por una nueva relación. Esperemos que con más suerte que la anterior.
A fines de julio, otra etapa en ese mismo camino: los presidentes Rousseff y Mujica resolvieron crear el Grupo de Alto Nivel Brasil-Uruguay. Un comunicado de prensa de Itamaraty describió al acuerdo como "pilar del nuevo paradigma para la relación entre ambos países".
En la reunión de principios de este mes, los Ministros de Relaciones Exteriores de Uruguay y Brasil evaluaron los avances realizados por el Grupo de Alto Nivel y consideraron una extensa agenda que incluyó temas clave, como las negociaciones comerciales entre el Mercosur y terceros países (Unión Europea y Canadá), la agenda del Mercosur y las actividades del Grupo de Alto Nivel Brasil - Uruguay. En lo que se refiere a este último asunto, el comunicado de la Cancillería uruguaya informa que el ministro Almagro "insistió en avanzar en resultados que apunten a una integración profunda entre ambos países que sirva como modelo para el resto de la región sudamericana". Al mismo tiempo, sigue, el Ministro "reiteró la importancia que asigna el Uruguay a las discusiones en materia de libre circulación de bienes y servicios, en los términos del Artículo 1 del Tratado de Asunción".
Esa redacción marca un matiz importante. Por una parte se propuso avanzar en un acuerdo de integración bilateral; por la otra el Ministro de Relaciones Exteriores hizo una referencia expresa al primer artículo del Tratado de Asunción. El cual estipula que el Mercado Común implica la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre todos los países signatarios.
La estrategia de negociar acuerdos de integración bilaterales, más ambiciosos, entre dos países que también son parte del Mercosur, plantea la interesante posibilidad de un proceso de integración de dos velocidades. Por un lado se encontraría el proceso general, multilateral, más lento, dentro del marco del Tratado de Asunción (con todas las perforaciones e incumplimientos que lo aquejan); y, por el otro, tendríamos un proceso de integración más rápido, producto de acuerdos bilaterales entre algunas de las Partes del Tratado de Asunción.
Es un camino. Pero uno que, desde el punto de vista de nuestro país, no resuelve las desventajas fundamentales del Mercosur. Que incluyen las enormes asimetrías entre las partes, la falta de un equilibrio político adecuado entre sus miembros (una situación empeorada por la imprudente suspensión de Paraguay), la excesiva dependencia de una economía más poderosa, y el aislamiento creciente del mundo exterior.
Es bueno recordar que viajar en el estribo es una actividad peligrosa, es- pecialmente para quien se cuelga del vehículo ajeno.