Quien califique al verano como estación de siesta, por lo menos este año se equivocó. En la región basta con recorrer el mapa visualmente para comprobar las serias tribulaciones por las que atraviesa el mandamás venezolano, que dan la sensación que empieza a pedir agua por señas y que su gobierno va a caer antes de lo que muchos pensaron. Agreguemos las dificultades de orden constitucional que se levantan a la posibilidad que Uribe repita su reelección en Colombia, el éxito electoral de la coalición de derechas de Piñera en Chile -que tanto material de docencia política nos ha dejado a los uruguayos en muchos sentidos- y el sainete montado sobre las reservas del Banco Central argentino, para tener un panorama lo suficientemente completo y variopinto que nos entretuvo mirando hacia arriba y hacia nuestros costados.
El tiempo no sobró, porque también aquí pasaron cosas importantes, y se auguran en lo inmediato otros sucesos que nos van a mantener muy despiertos por el mes y monedas que nos queda de la temporada estival.
Sin duda lo que más ha conmovido a la comarca fue el bien llamado degüello de Daniel Martínez en sus aspiraciones a gobernar Montevideo, tras una maniobra política de antología que culminó con la candidatura única del Frente Amplio encarnada en el marxismo leninismo. Ha sido una demostración más que allí se elude la consulta de la voluntad de la gente para en su lugar practicar digitaciones de cúpula, y a su vez, de la habilidad del Partido Comunista uruguayo, que a la usanza de los bolcheviques de 1917, con poco caudal de seguidores, se las ingenia para copar los cargos de gobierno más importantes, como lo son por ejemplo los sindicatos, y como podría serlo -si no se lleva una sorpresa que más de uno considera que no lo sería tanto en la puja electoral de mayo- el segundo centro de poder en importancia del país.
Tuvo eco en esta página la visita de expertos del Banco Mundial que se entrevistaron al Presidente y Vicepresidente electos, lo que no es usual para este tipo de intercambios, corrientemente a cargo de funcionarios. Más allá de la cosecha de algunos elogios a la gestión de gobierno, lo que nos tiene que golpear a todos fue la crítica al estado de nuestra enseñanza pública, observada con dureza por la falta de ideas para mejorar su calidad, en lo cual el país transita en una acelerada marcha atrás que aumenta su velocidad con este mamarracho de ley que ya está en vigencia -y ni se piensa tocar- que lo único que toma en cuenta es una sobrecarga burocrática asfixiante y altos costos salariales, sin correspondencia alguna con ni siquiera un mínimo de jerarquización del nivel de la docencia que imparte.
Es una buena noticia la inversión en vías de concretarse en Conchillas para otra planta de celulosa. Pero ello se compensa con el caos que nos tendrá en vilo cuando se aplique la Ley de Descentralización en las próximas elecciones departamentales. En un país como el nuestro, de territorio relativamente pequeño, ya diecinueve departamentos con sus respectivos gobiernos es un exceso. Si a ello se agrega la sub división en alcaldías para votarse simultáneamente con las Intendencias y las Juntas, la confusión del elector puede ser insubsanable. Por ejemplo, habrá cientos de miles de votantes que se domicilian en un municipio pero que tendrán que elegir alcaldes de otro. El Parlamento no debió avasallar ni a la prudencia que inspiró el pedido de la Corte Electoral a contemplar una postergación de esta innovación, ni a la más que justificada observación de inconstitucionalidad que se levanta contra la ley, que dada su naturaleza jurídica indiscutiblemente electoral, debió contar con una mayoría especial que no tuvo. De cómo se desata este nudo, sólo la Divina Providencia lo sabrá.
Y ni qué hablar de las alternativas que habrá de tener el proceso que se inicia para que la oposición ocupe cargos de contralor en la Administración. De esto y otros puntos de los relacionados, nos ocuparemos en otra nota. ¿De qué siesta nos hablan entonces?