Anualmente se celebra a comienzos de mayo el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una fecha que esta vez estuvo consagrada al "desarrollo de los medios informativos y la erradicación de la pobreza", según la decisión de Unesco. El director general de ese organismo hizo notar que hay "una estrecha relación entre la libertad de expresión y un mayor nivel de ingresos, una menor mortalidad infantil, un mayor número de adultos alfabetizados". Es que la prensa y los demás medios masivos son la mejor compuerta que puede abrirse a nivel popular para acceder al conocimiento del mundo, a la información sobre los acontecimientos que mueven ese mundo y a la suerte del hombre dentro de ese marco. Saber lo que ocurre, dónde ocurre y por qué ocurre, es el camino para comprender la realidad y orientarse debidamente en medio de ella, es la herramienta para tomar conciencia de los beneficios sociales, los altibajos políticos, los avances de la ciencia, los barquinazos económicos y las ventajas culturales que integran el rompecabezas de la actualidad.
De hecho, este Día Mundial es una conmemoración que se originó hace quince años, en ocasión de un Seminario de Promoción para "Una Prensa Africana Independiente y Pluralista" que las Naciones Unidas organizaron en Namibia en 1991, convocatoria de la que emanó una Declaración que la UN considera de valor universal. Allí se sostiene que "el establecimiento y el fortalecimiento de una prensa independiente, libre y pluralista, son indispensables para el desarrollo y mantenimiento de la democracia en un país, así como para su desenvolvimiento económico". En ese mismo texto se deja constancia de lo que se entiende por prensa independiente: "aquella sobre la cual los poderes públicos no ejerzan ni dominación política o económica ni control sobre los materiales o la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones periódicas".
Cuando esos poderes públicos violentan tales condiciones de independencia y libertad expresiva, es cuando se dan las conocidas presiones de la censura oficial para lograr una prensa obediente y flechada, que diga lo que el gobierno dispone y calle en cambio lo que esos dirigentes prefieren silenciar, con lo cual queda automáticamente pervertida aquella vía de conocimiento y clausurada la ruta informativa capaz de guiar a la sociedad en la interpretación de lo que sucede a su alrededor. Hay casos en que un régimen político brutal suprime de un plumazo toda capacidad de maniobra en materia de prensa, pero hay otros más sutiles, en que la presión oficial sobre esos medios se ejerce de manera encubierta y gradual, a través de advertencias veladas o amenazas oblicuas que sin embargo mutilan paso a paso el libre ejercicio del derecho de divulgación de los hechos y de las ideas.
Por eso es más peligroso de lo que puede creerse un gobernante que aproveche sus discursos para quejarse de "aquellos que creen que pueden hacerse un nombre en el periodismo insultando, mintiendo o agraviando", como ocurre en algún país de esta región sudamericana con referencia a prestigiosos órganos de prensa cuyas afirmaciones fastidian a quien así las cuestiona. Por ese camino, que suele ir acompañado de otras coacciones internas y otras discretas amonestaciones, se busca desembocar en una prensa paulatinamente dócil, que sólo diga lo que al gobierno le complace. Con similares propósitos se emprenden procesos judiciales de índole penal contra periodistas acusados de desacato o de calumnias, como ocurre actualmente en quince países latinoamericanos contra unos cincuenta periodistas, según denunció en estos días la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al pedir "el cese del acoso judicial" contra esos y otros medios de prensa.
De acuerdo a estimaciones de Freedom Home (una ONG que registra los niveles de libertad en 194 países del mundo) un 43 por ciento de la población mundial vive en países carentes de libertad de prensa, aunque hay matices dentro de tales carencias. Ya hubo 16 periodistas asesinados y 120 encarcelados.