EDITORIAL
Nos encontramos nuevamente ante el cajoneo de otro proyecto de ley que fue presentado por el senador Lacalle Pou en el año 2016, que justamente apunta a proteger al policía y que, lo mismo que en otras oportunidades, no ha podido avanzar.
Cuando la Ministra de Seguridad de Argentina Patricia Bullrich dijo en un programa de televisión, en la vecina orilla, que Montevideo tiene más asesinatos que la Argentina, sus palabras resonaron fuerte en nuestro país.
A la gente que se encuentra cada vez más desprotegida no la sorprendió demasiado, aunque sí fue estremecedora esa confirmación. Pero al gobierno, y al Ministro del Interior los debería haber sacado de esa zona de confort en la que parecen vivir. Esa desde la cual el Sr. Bonomi continuamente pontifica, más allá de lo difícil que resulte entenderle, asegurándole a los uruguayos que los índices indican que Uruguay está mucho mejor que el resto del planeta.
Por ejemplo, la última vez se le oyó hacer un comparativo con Londres, de acuerdo a un artículo que, según dijo, había leído en El Mundo de Madrid, del 2 de abril, en donde se informaba que por primera vez en la historia contemporánea, la capital británica registraba más asesinatos que Nueva York. Desde que comenzó el año murieron 46 personas. Lo que no dijo es que en ese mismo período en Montevideo, fueron 50 los homicidios. Y como detalle informativo; Londres tiene 8.788.000 habitantes y Montevideo 1.319.108 de acuerdo al último censo del 2011. Tampoco hizo Bonomi referencia alguna al hecho de que Nueva York, la enorme metrópolis, según informa una crónica de El País de España del 2 de enero pasado, ha tenido en 2017, el número más bajo de homicidios de la historia moderna: 290. Apenas 7 asesinatos más que Uruguay en el mismo año. Si cotejamos poblaciones...
Volviendo a nuestro país, el Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior informó que durante el 2017 se cometieron 238 crímenes mortales. O sea, una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes de 8,1 (el dato más relevante en realidad, porque no importa el número de su población) siendo la segunda más alta del país desde 1989. En el 2015 había sido aún peor, 8,5 cada 100.000.
A su vez, en la Argentina, (hay que hacer la salvedad que la información es del 2016), la tasa de asesinatos cada 100.000 personas fue del 6.0, lo que demuestra que ya no corre más aquello de que Uruguay es la tacita de plata o un lugar tranquilo y pacífico.
Por el contrario, asombra el grado de demente violencia que corre bajo la superficie en nuestra sociedad. Basta ver la cantidad de femicidios, además de suicidios posteriores y la inmensa cantidad de denuncias de maltrato hacia las mujeres, los niños y todavía no se sabe lo suficiente, hacia los ancianos,
No está demás aclarar por otra parte, que en esa siniestra contabilidad de ambas partes no se contabilizan las muertes por accidentes, en defensa propia o las cometidas por funcionarios policiales en cumplimiento de su labor, siguiendo las recomendaciones de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Undoc).
El indignante asesinato de un policía hace dos días, de una persona reconocida por su compromiso y su dedicación al cargo, quien circulaba en su moto con su mujer cuando fue atacado ferozmente a balazos, pone de relieve lo expuestos y la falta de respaldo que tienen los integrantes de la fuerza policial.
También queda en evidencia la hipocresía reinante en el oficialismo, dado que nos encontramos nuevamente ante el cajoneo de otro proyecto de ley que fue presentado por el senador Lacalle Pou en el año 2016, que justamente apunta a proteger al policía. Lo mismo que en anteriores oportunidades (el sábado pasado hablamos de 2 proyectos suyos bloqueados por la mayoría frenteamplista, como el Registro de Violadores y el de la no desaparición de antecedentes de menores que han cometido delitos), este proyecto de ley que procura extender la figura de legítima defensa a las actuaciones de los policías, además de proponer un aumento de penas para los casos de muerte a un agente de la fuerza, no pudo avanzar. Algo que existe, por ejemplo en Gran Bretaña y explica por qué los "bobbies" como se les llama, andan armados simplemente con un bastón.
El horrible récord de más de 150 homicidios en lo que va del año —entre los que se encuentran jóvenes que son o eran parte del hampa; los traficantes de drogas; los ajustes de cuentas a los que se refiere a menudo Bonomi como si se tratara de otra especie y los abominables crímenes que terminan con la vida de muchachos, como el trabajador de Kinko que trató de defender a su compañera, o el humilde muchacho transformado en promesa del golf— lleva a que hoy se plantee que el ejército intervenga.