Los trabajadores afiliados a las AFAP respiraron aliviados.
Del Diálogo Social había surgido la propuesta de que los ahorros a cargo de las administradoras pasaran a un organismo estatal, como el primer paso hacia el inocultable objetivo de eliminarlas.
El ala kirchnerista del Frente Amplio habría ganado así en la liga lo que perdió en la cancha: junto al Pit-Cnt intentó barrer hace dos años la reforma previsional del gobierno anterior, llevándose puestas además a las AFAP, pero no alcanzó los votos para tamaña remoción de las raíces de los árboles.
En aquel momento, un documento firmado por economistas del FA puso en aviso a los votantes de izquierda sobre la grave crisis que hubiera provocado semejante cambio en las reglas de juego. Pero la contrapartida que inventaron para calmar a sus sectores radicales fue la difusa promesa de un Diálogo Social donde pudieran volver a plantear sus delirantes demandas.
Y pasó lo que tenía que pasar: el dichoso diálogo quedó integrado por instituciones no representativas del voto ciudadano, a las que corporativamente se les invitó a enmendar la plana de lo que mandataban los verdaderos representantes de la voluntad popular, los legisladores.
Sus resultados fueron oportunamente presentados con bombos y platillos. Uno muy importante era el cambio referido en el funcionamiento de las administradoras previsionales privadas. Tanto la oposición como los ahorristas reaccionaron enérgicamente, lo que en su momento derivó en un rezongo del ministro Oddone invirtiendo la carga de la prueba: dijo que la estabilidad económica se vería afectada por las críticas al desatino, y no por el desatino en sí mismo.
Pero por suerte ahora primó la racionalidad: el MEF decidió no llevar la propuesta del Diálogo Social que afectaba a las administradoras, a pesar de que había sido anunciada como positiva e inocua. ¿Qué cambió? Obviamente, la advertencia de los agentes económicos de que esa modificación hubiera afectado la credibilidad del país, con su consiguiente efecto en el clima de inversiones. Ahora el coordinador de bancada del FA, Carlos Varela, justifica la marcha atrás explicando que “el propio Diálogo Social establece salvaguardas para las recomendaciones en cuanto a contemplar la realidad económica en cada momento. A la luz de las actuales circunstancias nacionales e internacionales se toman decisiones”.
Debieron haberlo advertido antes de convocarlo o incluso en el mismo momento de anunciar sus conclusiones. Pero no, la máquina demagógica no podía detenerse. Prefieren clavarle freno de mano, aunque se contradigan. Como te digo una cosa…
El Pit-Cnt expresa una comprensible indignación: “los acuerdos están para cumplirse” anda repitiendo su presidente Marcelo Abdala. Resulta hasta gracioso imaginar con cuánta menos serenidad se estaría expresando Abdala, si el gobierno no fuera del FA.
Pero la olla sigue hirviendo: el secretariado ejecutivo de la central sindical emitió un comunicado diciendo que “lamentamos que el Poder Ejecutivo, que fue quien propuso esta iniciativa, en línea con las promesas efectuadas durante la campaña electoral, haya eludido el compromiso de implementarla, afectando de esta forma la confiabilidad de los ámbitos de diálogo social en general”.
El dirigente sindical Sergio Sommaruga picó más grueso. Denunció que la decisión del MEF solo procuraba “evitar dar una mala señal al capital financiero internacional”; el cuco siempre rinde. Comunistas y socialistas que aún insisten en la eliminación de las AFAP quieren abrir el debate interno, y más todavía ante la decisión del MEF de ampliar su potestad de colocar activos en el exterior, para mejorar la rentabilidad de las inversiones.
Mirándolos de afuera, en su ya permanente tironeo entre marxistas y pragmáticos, resulta evidente que lo de las prestaciones en dinero para combatir la pobreza infantil, sin condicionamientos de gasto ni obligatoriedad a asistir a centros educativos y de salud, parece más bien una concesión del MEF a los radicales para que no lo compliquen con su fanatismo estatista. Seguramente con eso los dejaron contentos, porque el reparto de plata sin contraprestaciones es ideal para quienes juegan a la acumulación electoral desde el clientelismo más burdo.
Pero también queda clara la impostura de todo aquel Diálogo Social, promovido en campaña por el FA con el único afán de salir del paso ante su propia inconsistencia ideológica.