La desigualdad no cambió

A fin de abril el Instituto Nacional de Estadística (INE) presentó su información anual de indicadores de distribución del ingreso para 2025. Llamativamente fue un dato que pasó desapercibido. El índice de Gini, que es el más utilizado para medir la desigualdad económica, se mantuvo prácticamente igual entre 2024 y 2025: pasó de 0,405 a 0,404.

¿Por qué es llamativo que no se haya mencionado este dato del Gini con énfasis por analistas en general y políticos en particular? Porque, evidentemente, el Frente Amplio (FA) llegó al poder con una agenda clara en materia de desigualdad económica. Luego de años de gobierno de Coalición Republicana (CR) en donde, según el relato izquierdista, la desigualdad había aumentado mucho en el país, el objetivo debía ser ir hacia una sociedad más igualitaria. Y este primer dato del INE que refleja los primeros nueve meses de gobierno del FA muestra a las claras que todo era un blablablá sin ningún sustento real: el Gini prácticamente no se movió y por lo tanto la desigualdad medida estadísticamente, con todas las garantías para todos, sigue siendo la misma que en 2024.

Aquí hay un dato clave de lo que ha sido la instalación de un relato mentiroso por parte de la izquierda cultural y política. Cultural, porque tiene como protagonistas a los principales analistas y comentaristas vinculados a las ciencias sociales y que transpiran izquierdismo y partidismo a la par. Y política, porque ha sido el leit motif de todo el FA para estos años en los que la izquierda ha querido hacer creer que el gobierno anterior era neoliberal, desinteresado de las clases populares y, por supuesto, favorable a una élite (llamada “los malla oro”) favorecida en su riqueza y que propiciaba una mayor desigualdad del país.

La realidad es la siguiente: medida con la metodología de 2006, la desigualdad del Gini pasó de 0,383 en 2019 a 0,394 en 2023. Esto quiere decir que en los tres primeros años de gobierno de la CR, por causa evidentemente de la pandemia sufrida y su impacto económico y social devastador, la desigualdad subió levemente. Pero el dato más importante es el de 2024: apenas se desplegó plenamente la política social y económica de la administración Lacalle Pou, y cuando se logró ir saliendo de las consecuencias negativas de la pandemia, el resultado del índice de Gini volvió a ser el mismo que el del año 2019: 0,383. Esto quiere decir, en definitiva, que según el INE el gobierno anterior entregó el país con la misma desigualdad que con la que lo recibió, que es por cierto una de las menores del continente sudamericano. Cualquiera podrá comparar los procesos que se vivieron en esos tres años en otras partes del mundo para darse cuenta de que la pandemia generó una mayor desigualdad social por doquier. Y cualquiera también podrá constatar que Uruguay logró rápidamente enfrentar esa mayor desigualdad con políticas que efectivamente cumplieron el objetivo de contrarrestar con vigor las pésimas consecuencias sociales y económicas de la pandemia.

Cuando se analizan los datos estadísticos esa es la única y pura verdad de lo que ocurrió. No se disparó la desigualdad a cifras exorbitantes en el gobierno pasado. Pero lo más importante es constatar ahora que tampoco es que el gobierno de Orsi logró bajar fuertemente la desigualdad apenas llegó al poder. Los datos son inapelables: se mantuvo prácticamente exactamente igual (con la metodología de medición de 2017).

Como esa es la verdad de los datos, se hace muy entendible entonces que el relato izquierdista haya guardado un profundo y prolongado silencio desde abril pasado sobre la evolución de la desigualdad.

Porque por un lado, admitir que la administración pasada enfrentó con éxito un golpe externo brutal y dejó al país en el mismo nivel de desigualdad que en 2019 va contra su prejuicio ideológico, ese que dice y obliga a creer que la administración de Lacalle Pou gobernó en favor de los más ricos.

Y porque por otro lado, admitir que esta administración no movió la aguja en materia de desigualdad es aceptar que, en realidad, aquí también hubo un fracaso de la izquierda gobernante con relación a las expectativas generadas cuando ganó las elecciones de 2024.

Finalmente hay que ser plenamente consciente de que estos datos del índice de Gini están diciéndole al país que, en comparación internacional, nuestro principal problema no es la desigualdad social, sino que es nuestro bajo nivel de riqueza nacional. La prioridad debe ser entonces cómo crecer más, y no cómo distribuir mejor.

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