La conferencia de Punta del Este

Uno de los objetivos de este gobierno ha sido poner a Uruguay en lugares que la izquierda considera de relieve internacional. Así, por ejemplo, el país ocupa la presidencia pro tempore de la CELAC y del Grupo de los 77 (G77) y China en la ONU.

La CELAC es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños, una agrupación que nuclea a 33 países de la región, que fue creada por la Venezuela de Chávez, y que excluye a Estados Unidos (EE.UU.) y Canadá, es decir a las dos potencias más importantes de todo el hemisferio. Por si fuera poco, todos sus acuerdos y declaraciones deben aprobarse de forma unánime y por consenso, lo que evidentemente quita protagonismo a cualquier postura que sea realmente decisiva de los países involucrados. Para el caso del G77 y China, se trata de un bloque de la ONU formado hoy en día por 134 países de lo que en la jerga diplomática se llama “el Sur global”, es decir países sobre todo de Asia, África y Latinoamérica. Todos ellos, desde 1992, aceptan la colaboración de China, y por eso mismo se entiende que esa potencia, adversaria de EE.UU. a nivel global, tiene allí una plataforma para avanzar en su influencia mundial.

La verdad es que hay que admitir que lejos están estos posicionamientos internacionales de ser centrales para la estrategia de Uruguay. En vez de liderar algo amplísimo como es el G77, que de ninguna manera puede avanzar en nada sustancial de manera coordinada por la natural divergencia de intereses que se ven allí representados, y en vez de presidir un ámbito de diálogo regional que excluye a la principal potencia de América, hubo un tiempo en que Uruguay sí fue un país de referencia para la región y el mundo. Por supuesto que puede pensarse en este sentido en la conferencia de la Ronda Uruguay del GATT iniciada formalmente en Punta del Este en 1986. Pero incluso se puede ir más lejos en el tiempo. Ayer mismo se cumplieron 65 años de otra reunión importantísima que ocurrió en nuestro principal balneario: la de la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de los Estados Americanos.

En efecto, se trató de una conferencia clave por dos motivos. En primer lugar, Uruguay recibió a las principales figuras políticas del continente. Entre ellas, estaba Ernesto Guevara, enviado por la Cuba revolucionaria de Fidel Castro. Fue famosa su reunión con el presidente del Consejo de Gobierno Eduardo Víctor Haedo, y también lo fue su conferencia en la Universidad, en Montevideo, cuando reconoció lo avanzado y democrático que era nuestro país en aquel entonces.

En segundo lugar, se aprobó en aquella instancia de hace 65 años la Carta de Punta del Este, que fue el documento fundacional de la Alianza para el Progreso. Aquel plan impulsado por EE.UU. fue clave en su plan de desarrollar a Latinoamérica, de manera de contrarrestar la influencia comunista que podía extenderse desde Cuba y con apoyo de la Unión Soviética. Con el marco de la Alianza para el Progreso, Washington proporcionó ayuda económica y técnica para combatir la pobreza, promover reformas agrarias y fiscales, y modernizar en general la labor del Estado en todo el continente.

Para el caso uruguayo, una de las consecuencias más importantes de todo aquel plan fue, por ejemplo, el impulso para finalmente realizar un censo moderno de población, en 1963, algo que no se llevaba adelante desde 1908. También, todo el desarrollo de la CIDE (Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico) que había sido creada por el gobierno blanco en 1960, recibió un espaldarazo con fondos de la Alianza para el Progreso para avanzar en sus planes técnicos. Esos planes elaboraron un gran diagnóstico del país que dio lugar, entre otras cosas, a la conformación del Banco Central, por ejemplo, o al éxito de la idea de la planificación del desarrollo económico y social con la integración en la Constitución de 1967 de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.

Uruguay ocupó así hace 65 años el centro de la escena diplomática de la región allí donde se estaba decidiendo el futuro de Latinoamérica. Con pragmatismo, supo recibir en su balneario estrella a la principal potencia del mundo, que llegó con su plan de desarrollo para la región, y también a una de las principales figuras comunistas de aquel entonces en el gobierno de Cuba.

Cuando se compara aquel episodio con las iniciativas actuales, las diferencias son abismales. Importa tenerlo claro: Uruguay supo, en el pasado, ocupar lugares de distinción en escenarios realmente de primer nivel.

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