Es ya un hábito del gobierno del Frente Amplio: cada 26 de mayo, Día del Libro y aniversario de la fundación de la Biblioteca Nacional, brinda una conferencia de prensa para hablar de la “biblioteca del futuro”.
En esa fecha de 2025, a dos meses de asumir el gobierno, anunciaron con entusiasmo que cerrarían la institución por haber detectado problemas edilicios graves. Prácticamente nadie, salvo el gobierno (y una cronista del semanario Brecha), compartió ese parecer. Los funcionarios de la Biblioteca cuestionaron la medida. Lo mismo hicieron las dos instituciones que nuclean a escritores nacionales: el PEN Club y la Casa de Escritores.
Allí se supo que el gobierno había designado al dramaturgo Gabriel Calderón para que liderara un equipo en la OPP, con vistas a diseñar dicha transformación.
Durante los siete meses siguientes la Biblioteca permaneció cerrada. Cada tanto se hacían anuncios rimbombantes, pero el servicio no estaba disponible, ni para investigadores ni para usuarios. Cuando la presión de la opinión pública lo hizo insostenible, la reabrieron en diciembre. Desde entonces hasta el martes pasado, volvió el mutismo sobre el famoso e impreciso proyecto de transformación.
Pero claro, vino otro 26 de mayo y hubo que salir con una nueva conferencia de prensa y nuevas promesas.
Allí el ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía, advirtió que la biblioteca “está mejor ahora que antes”, bueno fuera que hubiera estado peor, después de siete meses de cierre.
Y entonces, como en tantas otras instancias de este gobierno, empezó la danza de los números: se habló primero de una inversión de aquí a 2030 de 30 millones de dólares. Luego se dijo que sería de entre 20 y 30 millones. Luego, fuentes de Presidencia aclararon a El Observador que “no está prevista esa inversión en el período”. Y consultado el ministro de Economía Gabriel Oddone, le puso la tapa: “No forma parte de la asignación presupuestal de la Rendición de Cuentas 2027”. Su aclaración posterior fue inquietante: “lo que no quiere decir que ese proyecto no se vaya a ejecutar, porque hay otros caminos complementarios que se pueden explorar”. Bolsillos temblad.
Las idas y vueltas en torno a este tema son un verdadero símbolo de la inoperancia e improvisación del gobierno frenteamplista.
Ante todo, por el afán refundacional. No sólo cancelan Arazatí y la sustituyen por un proyecto que tendrá un grave impacto ambiental, sin resolver el problema de fondo. No solo cancelan Cardama y demoran la imprescindible vigilancia de nuestro espacio marítimo, exponiéndonos además a un litigio de consecuencias imprevisibles. También hacen borrón y cuenta nueva de una institución que representa la mejor historia de la educación y la cultura nacionales, a cuyo frente la misma izquierda aportó personalidades excepcionales como Tomás de Mattos y Carlos Liscano.
Entrevistada por el programa radial En perspectiva, la directora Rocío Shiappapietra declaró esta semana que “los tiempos son acotados” (sic) y que “en el Estado es muy desafiante transformar, sobre todo con los tiempos que tenemos”. Evaluó las críticas recibidas como “sesgos vinculados al género, pero allá ellos”. Refirió que el equipo del cambio es “muy diverso, tiene arquitectos, contadores, economistas”. Habló de un objetivo de “rematrización industrial del país asociada al conocimiento” (sic). En un momento llegó a plantear que prevén abrir un ingreso a la biblioteca desde el callejón lateral de Emilio Frugoni, “para tener una entrada más amable” (sic). ¿Alguien en su sano juicio está pensando en realizar tamaña modificación estructural en un bien histórico como este? ¿La Comisión de Patrimonio está dispuesta a semejante aventura?
Calderón, por su parte, admitió que “no sabemos a qué nivel de ejecución vamos a llegar en este período”. Prevé que de aquí a 2030 se invertirían los primeros 6 millones de dólares, para tener “una hemeroteca con espacios cómodos de sillones, cafetería, tienda y salas multifuncionales” y que “cada etapa define mucho de las etapas siguientes”.
Ambos jerarcas se quejan de las críticas recibidas durante este extenso año de promesas e indefiniciones. Se ufanan de haber habilitado una consulta pública, en otra muestra de la “dialogosocialitis” que aqueja al gobierno. Pero siguen sin mostrar un proyecto claro. Los números siguen siendo estimados. La plata, no se sabe de dónde saldrá.
Y después dicen que la fortaleza de la izquierda está en la gestión de la cultura.