El asunto de la igualdad entre el hombre y la mujer no es nuevo en nuestra sociedad. Fuimos de los primeros en el mundo en donde las mujeres votaron, por ejemplo, y en donde accedieron a una completa igualdad de derechos civiles, sin contar por supuesto que también fuimos de los primeros en Occidente en donde por su sola voluntad la mujer pudo divorciarse de su marido (1913).
El problema es que esa bandera, que es natural y reivindicada por la inmensa mayoría de nuestra sociedad, se ha transformado en estos años de cultura transnacional woke izquierdista en un factor de enfrentamiento social.
En efecto, a través de distintas agencias internacionales, y en particular de las que se dedican a estos temas en la ONU, no hay año en que no tengamos que soportar algún exceso ideologizado que, bajo el manto de pretender la igualdad, en realidad procura utilizar este asunto para azuzar conflictos sociales que mantengan viva, entre otras cosas, la razón de existir de esas mismas agencias.
Es así que el año pasado tuvimos noticia de un muy promocionado estudio de ONU Mujeres y la Universidad CLAEH, de factura técnica muy mala, que pretendió sembrar la idea de que las denuncias falsas de mujeres en sedes judiciales son excepcionales. Afirmar eso es obviamente un disparate para cualquiera que viva el cotidiano de estos asuntos en el país. Pero hacerlo con pretensión de vestir una tesis de objetividad académica, y en base a un pobre zafarrancho analítico, lleva a pensar a que en realidad nadie de esos activistas pro- mujeres se interesa por procurar sinceramente mejorar la situación de las mujeres en un sentido de mayor igualdad.
Este año el esfuerzo de ONU Mujeres ha ido conceptualmente en el mismo sentido, salvo que ahora los socios y el tema han sido otros. Del lado de los socios, el estudio fue llevado a cabo por investigadoras de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República -cuyo sesgo ideológico pro-izquierdista es conocido-. Y la financiación fue de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo.
Atendiendo a que el año pasado quien se inmiscuyó en estos asuntos fue la embajada de los Países Bajos, genera al pasar mucha curiosidad qué intereses tan marcados habrá al norte de Europa que llevan a algunos a tratar de incidir en los debates sobre la situación de la mujer en nuestra sociedad: ¿acaso la invasión de desigualdad de origen extremista islamista, que tanto se ha extendido por Suecia y por Países Bajos, los incita a mirar con insistencia y altivez lejos de sus casas?
Del lado de la producción académica, el documento se titula este año: “ser candidata en las elecciones uruguayas 2024. Violencia contra las mujeres en política”. Su principal problema, como ocurrió con lo publicado en 2025, es metodológico. En efecto, su título pretende abarcar al universo de las candidatas mujeres y a las elecciones uruguayas de 2024. Empero, su investigación, una encuesta telefónica entre agosto y noviembre de 2025, hurgó entre mujeres candidatas que fueron electas como titulares o suplentes al Parlamento en las elecciones de octubre de 2024.
Del total de 181 candidatas electas, 128 contestaron la encuesta, lo que representó una tasa de cobertura del 70,7 %.
Para empezar, no se investigó a las mujeres candidatas, sino a las que efectivamente salieron electas, que es un porcentaje menor del total de las candidatas de las dos elecciones (internas y nacionales) en las que hubo participación masiva en listas. Para seguir, el universo de 128 mujeres, al dejar de lado a 53 otras, ni siquiera se puede decir que sea exhaustivo y representativo del total de las candidatas electas. Para terminar, la forma de hacer la encuesta, por teléfono y casi un año más tarde de ocurrida la campaña, definitivamente implica sesgos enormes en las respuestas dadas por las entrevistadas. Sin contar, por supuesto, que de ninguna manera es metodológicamente admisible que, para sacar conclusiones sobre la violencia contra las mujeres en política, solo deban ser entrevistadas mujeres.
Seguramente para tratar de salvar un poco su honor, ONU Mujeres señala en algún recoveco del informe que “las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente las opiniones o posiciones oficiales de las Naciones Unidas ni de ONU Mujeres”. Esta salvedad, tan oportuna, deja una magra esperanza de que el año que viene el informe que nos presente ONU Mujeres sea, al menos, metodológicamente digno.