Impuestos y regalos

El gobierno está empeñado en una batallita para gravar las "grandes extensiones" para obtener recursos, pero regala -aunque sea por ahora- por motivos tan inconsistentes como absurdos, alrededor de 103.000 kilómetros cuadrados (más de la mitad del área terrestre de nuestro país) que constituyen el sector de nuestra plataforma continental entre la milla 200 y la milla 350. El gobierno está empeñado en la prospección de petróleo y yacimientos de gas dentro de las 200 millas de nuestro mar territorial, pero regala esos 103.000 km cuadrados que configuran la extensión de nuestra plataforma marítima que se extiende más allá de las 200 millas, como si allí -se supiera- no hay nada y las posibilidades de combustibles u otras riquezas del lecho y el subsuelo de las áreas submarinas quedarán limitadas al mojón de las 200 millas.

La información sobre lo que está ocurriendo ya la dio El País veinte días atrás y luego se sumó a ella nuestro compañero Juan Oribe, que en sucesivas columnas detalló el procedimiento seguido por Uruguay a lo largo de los años y cuestionó la pasividad del gobierno a la hora de dar explicaciones por este "parate" en las gestiones. Una política de Estado iniciada en 1992 con la ratificación de la Convención, seguida en 1998 con la aprobación de la Ley de Espacios Marítimos y en el 2001 con la que declara de interés nacional las tareas para establecer el límite exterior de la plataforma (tareas que a pesar de ser onerosas se mantuvieron durante la crisis de 2002), con la presentación en agosto de 2009 de estudios e informes de la Armada (recogidos por el buque científico Oyarvide), varios ministerios e instituciones con sus representantes técnicos, a efectos de fijar nuestro derecho al lecho y subsuelo marítimo en las 350 millas, se detiene ahora bruscamente porque Uruguay no está en condiciones económicas para presentar determinados informes que le son requeridos. Aparentemente se nos han pedido (¿de golpe y arteramente?) datos "que no son accesibles, son muy complejos y llevaría mucho tiempo conseguirlos". Pero, lo peor, es "que hay empresas en el mundo que se dedican a esta tarea, (aunque) es algo muy caro".

El plazo vence en diciembre, y como los estudios son "muy caros", renunciamos a ellos y a la posibilidad de incorporar 103.000 kilómetros cuadrados, "un país de agua, suelo y subsuelo, más grande que el de pasto", como diría el actual ministro de Defensa Nacional, Fernández Huidobro.

Hasta ahora, el gobierno mantiene el más asombroso silencio; no hay señales de que se movilice y muestre su decisión de defender una pretensión que abre importantes perspectivas, si de obtener recursos se trata. Y en ese silencio del gobierno, la Cancillería juega un rol fundamental; no solo por lo que ha hecho (con otros cancilleres) para impulsar esta negociación, sino, lamentablemente, por lo que ha hecho y no ha hecho con el actual canciller.

Cuando nuestro país debió defender sus derechos en la Corte Internacional de La Haya llevado por Argentina, armó un equipo de primer nivel y no se escatimaron costos para plantear pelea (Uruguay gastó US$ 8.436.593, el triple que Argentina). Ahora se trata de reclamar derechos sobre 103.000 km cuadrados. ¿Cuánto cuesta hacerlo bien? Rechina además este presunto "agujero negro" que acaba de aparecer en las etapas finales del proceso: a nadie se le pasa por la cabeza que Naciones Unidas espere hasta la última reunión para pedir determinados informes, sin los cuales nuestras pretensiones implosionan o se postergan; no parece lógico que sean imprevisibles.

La posibilidad de que el país "siempre podrá realizar una nueva presentación con nuevos elementos o los mismos y agregando otros datos" no es suficiente para justificar el fracaso presente. El profesionalismo y la seriedad para defender las cuestiones del país no se inventan, ni son el producto de circunstancias afortunadas, sino que se logra por medio de esfuerzos inteligentes y sistemáticos.

Y eso es lo que falta en la Cancillería, pero parece que al gobierno no le preocupa, aunque cueste 103.000 km cuadrados y armemos una batallita para gravar las "grandes extensiones" de 20 km cuadrados (2.000 hectáreas) del área terrestre.

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