El aumento de los combustibles es en sí misma una mala noticia, pero es un hecho que se está dando en todo el mundo a partir del precio del petróleo por la guerra contra el régimen criminal de Irán. La verdadera mala noticia es la confirmación de que no existe ninguna regla para fijar el precio de los combustibles y que simplemente responden a la voluntad del gobierno que intenta cumplir fines múltiples con un solo instrumento.
Vale recordar que en el gobierno anterior se estableció un nuevo mecanismo institucional para la determinación del precio de los combustibles que fue sumamente exitoso. Su principal efecto fue la previsibilidad de los movimientos en los precios a partir de variables internacionales observables y, por tanto, la ausencia de la discrecionalidad del pasado. Presentó el nuevo esquema como un avance civilizatorio frente al capricho. En efecto, conviene recordar que durante los 15 años anteriores de gobiernos frentistas los uruguayos pagamos literalmente miles de millones de dólares en sobreprecios, que sirvieron para hacer caja para pagar, entre otras cosas, la bancarrota de Ancap a la que la llevó la corrupción y la conducción política.
El gobierno actual decidió volver al pasado, como en tantas otras cosas, sustituyendo los avances en fortalecimiento de instituciones por un retorno a la discrecionalidad política más brutal. Esto no fue gratis: el año pasado pagamos un enorme sobrecosto en los combustibles gracias a un “nuevo mecanismo” absolutamente inexistente. Esto vino a quedar demostrado este viernes cuando, pese a que tanto el ministro de Economía como la ministra de Industria afirmaron algunas decenas de veces que se respetaba el “nuevo mecanismo” en su larga e inexpresiva exposición, lo cierto es que toquetean los precios a piacere.
En el mejor de los casos puede afirmarse que el “nuevo mecanismo” consiste en mantener los precios cuando baja el petróleo y subirlos cuando sube, con la consecuencia natural de que tengamos combustibles caros en todas las estaciones. La justificación fue de una incoherencia extrema e incluyó argumentos absurdos como la utilidad de la refinería de la Teja que tiene una escala diminuta que hace que sea tremendamente costosa, hasta que las políticas públicas deben amortiguar la realidad, como si los uruguayos fueran niños a los que hay que proteger de los hechos.
Lo cierto es que el “nuevo mecanismo” bimensual ya dejó de existir, que el incremento fue de 7% por mero capricho y que el mes próximo veremos un incremento similar si se mantienen las actuales condiciones internacionales. Eso sí, si llega a terminarse la guerra y desplomarse el precio del petróleo no nos enteraremos porque en ese caso aplica el lado rengo de la regla que es el que no funciona.
Una conclusión evidente de estos desaguisados es que se deteriora la confianza en las autoridades de forma que difícilmente sea reversible. No se recompone diciendo que esta vez era inevitable. No se recompone con la explicación de que existían facultades legales para hacerlo, muchas arbitrariedades son legales.
El problema no es únicamente jurídico, es de consistencia, de credibilidad y de honestidad intelectual.
Si el precio debía subir, que subiera dentro de una regla conocida y simétrica. Pero entonces también debió bajar con la misma convicción cuando las condiciones externas eran favorables. Lo que no se puede hacer es invocar el mercado para justificar aumentos y olvidarse de él cuando debería beneficiar al consumidor. Eso no es una política con criterio técnico, es mero oportunismo.
Por si faltara algo el inefable senador Caggiani, con la frondosa imaginación de su realidad paralela afirmó en la red X: “El incremento del precio de los combustibles es necesario gracias al Precio de Paridad de Importación que establecieron los cráneos en la Ley de Urgente Consideración.” ¡Parece que la LUC es tan buena que hoy está vigente en todos los países del mundo! Del ridículo no se vuelve y Caggiani se fue a vivir allí hace rato.
Al final la sensación que queda es muy clara: cuando había margen para bajar, no bajaron porque convenía recaudar; ahora que toca subir, descubren de golpe las “circunstancias extraordinarias”. Esa es la conducta de un gobierno errático y oportunista, que se maneja con la misma liviandad para diseñar un plan de movilidad para Montevideo, que en las relaciones internacionales que para fijar combustibles. Mientras tanto seguimos barranca abajo y acelerando con entusiasmo digno de mejor