Lo interesante era advertir las diferentes conductas que establecidos y desafiantes tenían en aquel momento para actuar en la arena política. Mientras los desafiantes exhibían entusiasmo y ganas para encarar sus movilizaciones, enarbolar sus propuestas y dar la batalla en todos los terrenos, los establecidos parecían paquidermos anquilosados, sin reflejos, temerosos de hacer cosas de sentido común para evitar críticas de la izquierda y de los sindicatos y muy preocupados por cobrarse cuentas entre sí -un jueguito político que al pueblo cada vez interesaba menos- e incapaces de generar aunque más no fuera un hálito de esperanza en la gente. En la que no los había votado, pero también en mucha de la que sí los había votado”; “le preocupaba el descrédito que percibía en la ciudadanía hacia el sistema político, porque muchas veces la gente no distinguía entre quienes estaban en el gobierno y quienes en la oposición. Estaba convencido de que esa distinción debía ser perfectamente visible. Y, por eso, anunciaba que si el gobierno volvía a hacer “oídos sordos” a sus planteos para superar la crisis, no tendría más alternativa que ingresar en un “camino de confrontación liso y llano”.
Cualquiera que lea estas dos citas puede perfectamente pensar por un lado, que se trata de un análisis actual en el que los “establecidos” son los partidos que conforman los elencos de gobierno, y los “desafiantes” son los que integran la Coalición Republicana (CR).
En efecto, es claro que los partidos de la CR están en una posición diferente al oficialismo y es claro también que hay una preocupación de parte del gobierno de izquierda de verse corrido justamente por izquierda en sus políticas.
A su vez, todo el mundo reconoce que las rencillas internas no paran de “cobrarse cuentas entre sí” en el oficialismo, con operaciones de unos contra otros que desgastan a todo el conjunto.
Como bien señala el análisis, las encuestas de opinión muestran que hay gran desesperanza sobre la gestión, no solamente entre quienes no votaron a Orsi en 2024, sino también entre quienes sí lo apoyaron. Por otro lado, la preocupación por el desgaste de todo el sistema político es general.
También podría ser perfectamente actual la cita referida a la actitud y estrategia del liderazgo opositor: en su perspectiva, la distinción entre unos (gobierno) y otros (oposición) debe hacerse visible, de manera de distinguir claramente las distintas responsabilidades.
Pero, además, frente a la grave crisis de inseguridad que el país está sufriendo, perfectamente puede deducirse que al insistir el gobierno de Orsi en una política que no logra mejoras sustanciales, la única alternativa real es ingresar en un “camino de confrontación liso y llano” con el oficialismo.
La sorpresa viene ahora: las dos citas que inician este editorial son de las páginas 147 y 228 de un libro de Claudio Paolillo que fue publicado en 2004 y que tuvo una gran repercusión: “Con los días contados”. Se trató de un análisis brillante y detallado de la feroz crisis que enfrentó la administración de Jorge Batlle. Los desafiantes de la cita inicial eran los partidos del Frente Amplio; los establecidos eran el Partido Colorado y el Partido Nacional; y el liderazgo opositor que preveía una confrontación lisa y llana, como la que efectivamente ocurrió, era el de Tabaré Vázquez, quién terminó siendo electo presidente en 2004.
Hay tres conclusiones para sacar de esta cita de Paolillo que tiene más de dos décadas. En primer lugar, la analogía entre los desgastes de aquella administración Batlle y la de Orsi es elocuente.
No solamente los señalan las encuestas en sus evaluaciones de gobierno, tan parecidas con 22 años de distancia, sino también el hecho de que no parezca estrambótico un análisis de aquella época trasladado a la coyuntura de hoy.
En segundo lugar, se hace evidente también que la conformación de polos políticos, uno en torno al Frente Amplio y otro en torno a los partidos tradicionales, tiene muchas décadas encima y ha vivido ya varias circunstancias difíciles para el país. Establecidos y desafiantes pueden ser categorías de análisis que, en cada circunstancia, perfectamente ocupen unos u otros en función del lugar que cada vez la ciudadanía les da en las urnas.
Finalmente importa asumir con claridad cómo fue la estrategia de la izquierda en aquella crisis del año 2002. Marcó una diferencia irreductible, hecha de la confrontación lisa y llana.
Y en octubre de 2004, el Uruguay la premió con la mayoría absoluta.