La decisión de Cabildo Abierto de votar junto al Frente Amplio la rendición de cuentas no marca una novedad respecto a la actitud de ese partido, simplemente confirmó lo que viene ocurriendo una votación sí y otra también en este período de gobierno. La vocación cabildante, al fin de cuentas es coherente y consistente, siempre están con el poder, sea este de la Coalición Republicana o del Frente Amplio.
Concluida la última elección nacional, la posición de Cabildo Abierto quedó clara. Podían otorgarle los dos votos que le faltaban al Frente Amplio para que el nuevo gobierno tuviera mayoría parlamentaria y así lo han hecho. Han evitado las comisiones investigadoras que incomodan al Frente Amplio, el presupuesto, las leyes que importaban al gobierno y no se han opuesto a nada. Es público y notorio que existe un pacto que va más allá de lo puntual y de la puesta en escena de la semana pasada.
La política uruguaya, siguiendo la tendencia mundial, vive un momento pobre. El nivel del debate es malo y suele consistir en cruces de acusaciones sobre quien es peor, no sobre quien tiene las mejores propuestas y los mejores resultados para la gente. En este contexto el melodrama montado por los legisladores frentistas porque la Coalición Republicana no votaría la rendición de cuentas marcó una nueva cota. Llorando de programa en programa por la falta de recursos para solucionar todos los problemas del país cuando sabían, como sabe todo el país que el incremento presupuestal que se dará no le cambia la vida a nadie, y que tenían los votos de Cabildo Abierto asegurados es propio de histriones políticos salidos de las charcas.
El pacto Frente Amplio - Cabildo Abierto es una realidad política insoslayable y sólo alguien muy distraído puede no haberlo percibido en el último año y medio. Más aún, es un nuevo bloque político que le asegura al Frente Amplio la mayoría parlamentaria, por lo que el absurdo argumento de que no pueden llevar adelante todas las medidas que se proponen por falta de votos es una burda mentira. Tiendo todos los votos que necesitan para todos lo que quiera, lo que le faltan son ideas y personas que las ejecuten, como es por demás evidente.
Por si faltara algo para dejar en claro el negociado que existe entre frentistas y cabildantes el presunto “acuerdo” para votar la rendición de cuentas es por demás claro. El Frente Amplio no cedió absolutamente nada, las nuevas partidas que se proponían son unos caramelos y lo más sustantivo queda para discutir en la próxima rendición de cuentas. Las transferencias se harán de la forma prevista, como confirmó al otro día del acuerdo el ministro Civila y se podrán seguir cobrando sin enviar a los niños a las escuelas. Ciertamente ganó el Frente Amplio y Cabildo, pero con este pacto perdieron los niños más humildes rehenes de una negociación que los ignoró de manera absoluta.
Se podrá argumentar que el Frente Amplio no resiste el archivo, lo cual es cierto. En 2019 cuando se formó la Coalición Republicana con Cabildo Abierto dentro, los frentistas le dijeron absolutamente de todo a los coalicionistas y a los cabildantes, incluídos insultos irreproducibles por parte de la academia frentistas, sus políticos y mandaderos. Que había que aplicar un cordón sanitario con el fascismo, que no se puede acordar con los que buscan la impunidad, que querían censurar a los medios, que defendían a torturadores y hasta embanderaron su sede pidiendo el desafuero de Manini Ríos con el eslogan “Desafuero o impunidad”.
Lo dijeron los politólogos que toman café todos los días en La Diaria, TV Ciudad y Caras y Caretas para intentar justificar al gobierno (casualmente los mismos medios que ahora pasaron a alabar al otrora defensor de torturadores). Lo afirmaron los operadores mediáticos frentistas que ahora ocupan algún cargo en el gobierno, que cuentan hoy sus contratos en varias decenas. Y, por supuesto, con particular virulencia los principales dirigentes del Frente Amplio.
Más que abrazarse a una culebra por una ley que aporta poco y nada al país los frentistas demuestran que todo el asunto de los derechos humanos con el que viven embanderados es cartón pintado. No tuvieron ningún empacho en abrazarse con los mismos que antes defenestraban y que acusaban de defensores de la impunidad. Quizá celebren juntos en las próximas semanas con un asado en Domingo Arena. Ahora sí, que no vuelvan a pararse en el pedestal moral de los únicos defensores universales de los derechos humanos porque ya perdieron la poca credibilidad que les quedaba.